Imágenes prohibidas

Los meses de agosto y septiembre del año pasado se vieron surcados por lo que fue el recuerdo de la tragedia que enlutó Chile durante los 17 años de dictadura militar. Fueron números los testimonios, los homenajes, las entrevistas a los protagonistas de tal periodo  y los programas de televisión que se arrojaron la responsabilidad de exponer los hechos, tal vez motivados por el interés público de remover escamas de olvido, o tal vez, solo motivados por las altos índices de rating que podrían obtener. Fue en medio de esos programas y revelaciones que un documental de cuatro partes se emitió por las pantallas de Chilevisión, Chile Las Imágenes Prohibidas.

Debo ser honesto, al escuchar el título de este documento audiovisual  me pareció que era otro programa sensacionalista,  apelando más a la curiosidad y al morbo,  antes que al establecimiento de una memoria colectiva con respecto a las atrocidades acontecidas en Chile en el periodo comprendido entre los años 1973-1990.

Mis reparos con Chilevisión, también eran otra razón para pasar por alto este programa, pues: ¿qué cosa buena podría salir de la estación de televisión de Sebastián Piñera? Sin embargo, solo la perspectiva que ofrece el mirar las cosas lejos de la agitación de aquellos días me permitieron hace un par de semanas encontrar los cuatro capítulos de la serie, verlos sin cortes comerciales y analizarlos despojado de los prejuicios antes mencionados.

Al observar la serie me encontré con lo siguiente. El documental comienza con imágenes posteriores al golpe al estado en 1973, se observa la penosa y ya muy conocida imagen de los NO tan valientes soldados quemando libros, haciendo y deshaciendo al pobre y al desposeído, y la mano siniestra que se cernía sobre un pueblo lleno de sueños. Luego se enfoca en las primeras protestas sociales que se alzaban en contra de la dictadura a inicios de la década de los 80, para posteriormente abordar la situación de ebullición social que vivía el país en los años finales de la dictadura militar. Fue en este punto que algo me llamó la atención, la escasa información mencionada en relación al periodo entre los años 1973 a 1980, ¿se deberá a que en ese periodo se establecieron los fundamentos de la sociedad política, social y económica que rige el diario vivir de los chilenos comunes y corrientes hoy en día, y que mejor era, “no hablar de ciertas cosas”? Independiente de esta omisión, ya sea por falta de imágenes, por motivos editoriales, por temor a desnudar el origen de las inequidades actuales, o simplemente, porque al fin y al cabo era Chilevisión –no pidan tanto tampoco–  lo que sí abordan sus capítulos, es la escala humana de la tragedia y sus protagonistas.

Es importante destacar la crudeza de los testimonios, la oportunidad que se le brindó a aquellos que sufrieron literalmente en carne propia la aplicación de la tortura y vejámenes de manera sistemática y repetitiva de contar sus historias, sus ansias de justicia y sus sueños de libertad. Sus relatos y testimonios se alzan como banderas y estandartes de todas las luchas sociales que hoy el pueblo abraza, y permiten seguir avanzando por aquellos que cayeron. También merece una mención honrosa lo horroroso de los comentarios de Francisco Javier Cuadra, ministro del tirano, puesto que nos permiten captar en una leve magnitud lo inmenso del abismo intelectual y humano que separa al pueblo de los golpistas. Al menos, el canal se preocupó de mostrarnos la visión de aquellos cómplices de la dictadura, para que la posteridad los juzgue en base a sus dichos, porque si se tratará solo por los hechos, ya sabemos el resultado: el pueblo no perdona ni olvida.

En definitiva, pulgar arriba para el trabajo realizado por el canal (tomando en cuenta que era Chilevisión), el cual se enfocó principalmente en esos héroes ciudadanos que enfrentaron a la cruenta dictadura en las calles y en las universidades. Aquellos que se reunieron para combatir el salvaje trato que le dieran los “patriotas” a aquellos  chilenos residentes de  poblaciones hechas con casas de madera y techos de cartón. Sin duda faltó mucho por cubrir, pero existe mucha documentación al respecto que cubren las grietas que quedaron expuestas, lo importante no es solo quedarse con lo acá exhibido, sino que investigar de manera personal y colectiva todos esos archivos secretos de la dictadura hasta saber toda la verdad.

Es por esto y por más que me parece prudente recomendar el análisis de dicha serie documental, y el rescate de la memoria de lucha que aún perdura y queda.

A veces es bueno ver las cosas en perspectiva, cuando las pulsaciones bajan, solo así se puede analizar con mente crítica y reflexionar lo sucedido. Este documental es otro más que se suma a la larga lista de archivos audiovisuales que  invitan a reflexionar sobre el rol del ejército, la televisión, los periodistas, los luchadores sociales y el retiro de los militares de la moneda…¿ hacia dónde?… Eso puede ser materia de otro artículo. La lucha por la memoria continua.

 

Por Pablo Mirlo
pablomirlo.wordpress.com

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