¿Metales de otro mundo?

Esta es la historia de un minero,  como los miles que existen en nuestro país, los cuales excavan la madre tierra para extraer de ella los “tesoros” que esta mantiene ocultos. Estos hombres  valientes y sacrificados que en muchas ocasiones han sido mal tratados en nuestro país, se caracterizan por sus múltiples historias, las cuales, en variadas ocasiones tienen que ver con experiencias de tipo  “paranormal”.

Esta es una de esas historias reales de encuentro con lo inexplicable. En una solitaria montaña de la región de Coquimbo. Una aventura motivada por una visión extraordinaria y la curiosidad humana por lo desconocido que solo los valientes se atreven a buscar a pesar del peligro que la propia naturaleza pueda significar.

UNA EXPERIENCIA DE AVENTURA Y MISTERIO

El 15 de noviembre de 1993, el minero Juan Tabe, en horas de la noche, se hallaba al interior de Limarí, Cuarta Región, cuando vio cruzar un objeto semirredondo, de gran luminosidad, que sorpresivamente se encontró con un gran cerro.

Este fue su testimonio: “Vi cómo el aparato hizo un brusco viraje y estrelló parte de su estructura contra el cerro, saltando dos chispas muy luminosas. Estaba con otro minero, que también fue testigo, y al día siguiente hablé con un ´cabrero´ (cuidador de cabríos), porque no conocía la zona y le pedí que me llevara al lugar, arrendando por supuesto un caballo”.

Para llegar al sitio debieron sortear diversos obstáculos, ya que el lugar es de difícil acceso y conocido como la Quebrada del Viento. “Allí, en horas de la noche y parte del día, se registran vientos de hasta 180 y 200 kilómetros por hora, y en esos momentos, es imposible permanecer en el lugar. Para subir, hay que hacerlo entre las 7 y las 10 horas, después no se puede”, dijo Tabe.

El cerro donde se produjo la supuesta colisión, tiene más de 4.000 metros de altura, pero la gran luminosidad de dos piedras que, el minero asumió como los posibles restos de la colisión, eran claras señales del lugar en que había ocurrido el impacto.
“Parecían dos espejos que brillaban por el sol. Se veían a distancia, así que las recogí y me las traje a casa; pesé su tamaño, son de gran peso. Realicé diversas consultas, pero los estudiosos me indicaron que no se trata de un mineral conocido aquí”, manifestó.

ESTUDIO DE MINERALES

Luego de algunos meses de ocurrido este hecho, Juan Tabe tomó contacto con expertos japoneses de las empresas Hitachi Metal y Matsutani Seisakusho Co., Ltd., quienes, luego de varios meses de investigación determinaron que los metales son de origen desconocido.

Paralelamente y en Chile, expertos en química y metalurgia sometieron los metales a una serie de pruebas.
El primero de los informes realizado por el laboratorio químico “Rafael Salfate Pastene” señaló que luego de recibir “un trozo pequeño de 150 gramos del metal desconocido, se decidió hacer el estudio de fundición”. A una temperatura de 900 grados Celsius durante 30 minutos, el calor “no dejó rastro alguno en el metal”. Más adelante, el informe indica que el material se mantuvo otra media hora aumentándose el calor hasta llegar a una temperatura superior a los 1.200 grados Celsius. Además, se le agregaron dos productos fundentes. Conclusión: este metal desconocido soporta altas temperaturas y no se desintegra.

El otro análisis, esta vez metalográfico, señaló que tras someter el metal a una serie de ácidos, entre los que se encontraban el nítrico, sulfúrico, pícrico, no se apreciaron cambios a la observación macroscópica superficial. “La muestra fue atacada con nital al 4 por ciento, con inmersiones desde cinco segundos, hasta 30 minutos; con el fin de hacer evidente sus microestructuras, sin obtener resultados, ya que la muestra se mostró resistente al ataque de este reactivo ácido”, señala parte del informe. Finalmente, se advierte que el material estudiado es desconocido y se enfatiza que no es atacable por ácidos.
Los metales encontrados por Juan Tabe, continúan siendo un enigma para los investigadores, la procedencia de los mismos sólo está reforzada por el testimonio del minero. La idea de que sean el resultado de una colisión extraterrestre está muy lejos de ser aceptada, pero los metales y sus análisis fueron conocidos públicamente.

¿TROZOS DE UN OVNI EN CASA?

Los Trozos metálicos continúan en manos de Juan Tabe y su familia, los cuales adornan una habitación de su casa protegidos por una vitrina, causando la curiosidad de parientes y amigos que visitan su hogar. Juan Tabe no quiso mas entrevistas ni publicidad y poco se sabe de él en la actualidad. Lo extraordinario de este caso es que a diferencia de muchos otros,  existe evidencia física que se ha podido ver, tocar y analizar. Los metales existen, tienen extrañas características y nadie ha podido darles una explicación “terrestre”…

¿Podría tratarse de un extraño meteorito que cayó del espacio?

¿Realmente se trata de la prueba física de la visita de una nave de otro mundo?

Las preguntas están abiertas…

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Juan Tabe sostiene en sus manos los trozos metálicos desconocidos.

MARIOMIR

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