Cuentos del futuro I – El misterio de la nave 212

Estaba sentado como cada tarde mirando por la ventana a los gatos jugar. Me reía de cómo perseguían con su patas las hojas secas de los árboles y saltaban de un lado a otro bajo la lluvia. Era primera vez que llovía en 3 años, y estos gatos solo tenían un año de vida. Nunca habían visto llover. Estaba en eso cuando mi nieta llegó y sacándose un dispositivo de los ojos con entusiasmo me dijo:

¡Abuelo, abuelo! ¿Es cierto que antes existía una isla llama-da Juan Fernández donde ahora hay mar?
–Si –le respondí– ¿Por qué?
–Es que quiero saber la historia de la nave militar que se cayó ahí. Anda, cuéntamela, ¿ya?
Mmm. Déjame recordar. ¡Ah sí!, ya recuerdo. ¿La historia donde murió ese reconocido animador de tv? Si, si… ¿cómo se llamaba? ¿Felipe?, si, creo que se llamaba Felipe. Bueno, pues siéntate, desconecta tu cerebro de las notificaciones de tus amigos y escucha, porque para esto se requiere una mente y corazón atentos.

Corría el año 3011. Nuestro país estaba al borde de la revolución. La gente estaba ya cansada de tantos abusos y ya no aceptaba la construcción de centrales nucleares de manera tan fácil como en el pasado.
¿En ese tiempo todavía se hacían centrales nucleares? –Me preguntó mi nieta– Si hijita, le respondí. El hombre y su codicia solo se cansa de hacer daño a la naturaleza cuando ya no queda le queda nada más que explotar. Y en ese tiempo todavía se hacían centrales nucleares, pero eso es otro tema.

El asunto es que el país estaba al borde de la revolución. Como te decía, la gente estaba cansada de los abusos, y tanto los ambientalistas en principio, y luego los estudiantes universitarios, lograron poner en serios problemas al régimen fascista de la época.
Los estudiantes universitarios comenzaron a marchar por las grandes alamedas. Primero eran unos miles, luego decenas de miles, luego todo el país estaba con ellos: trabajadores, padres y madres, profesores, y todos los pobres de esta nación. Obviamente, al gobierno de turno esto no le gustó lo que pasaba y reprimió de manera violenta cualquier acto público masivo, encarceló a estudiantes y a no pocos los torturó en sus infames cuárteles.

El país claramente vivía una época hermosa. Se estaba derrumbando el modelo de abuso impuesto por los que manejan el poder y el pueblo al fin despertaba de un largo tiempo dormido. Pero como te imaginaras, esas cosas no le gustan a los que quieren mantener a la gente oprimida y fue en ese contexto, cuando todo un país estaba en sintonía con las demandas estudiantiles y las demandas ambientales que un animador de televisión tuvo la osadía de desafiar a un ministro de estado de la época.

– ¿Qué fue lo que le dijo abuelo y qué tiene que ver esto con la nave que se cayó en la isla?

Eso te iba a contar. El asunto es que este animador, en una entrevista que le hizo al ministro del interior de la época, se le ocurrió pedirle al aire que por favor detuvieran la construcción de una nueva central nuclear en una zona de reserva natural del norte del país, pues esto ponía en serio riesgo el entorno, naturaleza y fauna, sin mencionar los riesgos para la salud de la gente del lugar.

La situación puso –como imaginarás– bastante incómodo al ministro, el cual solo atinó a responder con evasivas. Sin embargo, dentro del corazón del ministro, el animador había firmado su sentencia de muerte, pues nadie podía ser capaz siquiera de contradecirle a él y su gobierno. Pues todo aquel que osara oponérseles pasaba a una secreta lista negra. Y el animador, quedó marcado como uno más de sus enemigos.

Piensa hijita que los estudiantes llevaban meses marchando por educación gratuita, con universidades tomadas y el debate extendido en todo el territorio nacional e internacional, y que pese a todo eso, el gobierno jamás había dado su brazo a torcer, y menos lo haría ante un simple animador. Y así avanzaron los meses desde este suceso.

¿Qué fue lo que hicieron entonces abuelo?

Pues bien, como el gobierno había apostado al desgaste del movimiento, y al ver que tras 5 meses estos seguían tan fuertes como al principio ideó una manera de poder desviar la atención del pueblo e imponer un shock generalizado para desarticular al pueblo y sus sueños.

¿Qué es eso del shock?

Mira, te explico. Mediante una noticia que fuese tan grande como las demandas estudiantiles ellos buscaban volver a la gente sensible y vulnerable, y que se olvidara por un tiempo de marchar, pues había otras cosas más dolorosas que resolver primero. Entonces lo que hicieron fue lo siguiente.
Durante la primera semana de septiembre del 3011 iban a suceder varios hechos importantes para el pueblo. El domingo de septiembre se iba a realizar un nuevo funeral para quien fuese el más importante y querido presidente de la república: don Salvador, quien fuese asesinado tras un violento ataque a la casa de gobierno el año 2973. Pues bien, el gobierno a sabiendas de la situación actual del país; el cual seriamente estaba en vías de una revolución, como no se había visto en 4 décadas, entró en pánico. Sabía que ese funeral iba a ser multitudinario, y que quizás, millones llegarían al lugar para recordar su obra, lo cual le daría nuevos aires al movimiento social, el cual unido bajo las banderas del presidente mártir podría entrar en una fase aún más dura y decidida en cuanto a sus aspiraciones.
Pues bien, el gobierno debía detener eso a toda costa. Y fue así, que en una decisión fugaz decidieron matar dos pájaros de un tiro, en realidad 4. Asesinarían a aquel animador que oso desafiarlos, el pueblo entraría en shock ante lo trágico de su muerte, el movimiento social se estancaría pues nadie querría seguir marchando mientras miles lloraban y el foco de atención del funeral del presidente mártir quedaría en segundo plano, evitando así la unión del pueblo ante su figura.

–Pero abuelo ¿Y la nave, la isla?
–Sí, espera, ahora te cuento.

Para poner en marcha este plan de necesitaban que la muerte del animador pareciera un accidente y no un asesinato. Fue por ello que aprovecharon que este animador, junto con otras personas tenía que realizar un viaje a la isla de Juan Fernández –pues eran parte de un proyecto de recons-trucción en ese lugar– para realizar su macabro crimen.

El viaje a la isla no había estado exento de complicaciones. Ya había sido pospuesto varias veces por la fuerza área, que era quién los transportaba. Extrañamente, luego de mucho tiempo de espera, se les dio permiso para volar recién el 2 de septiembre y solo con un par de días de anticipación, ante lo cual no les quedó otra alternativa al animador y sus compañeros que ir, pues desde hace varias semanas que habían enviado la solicitud a las fuerzas armadas y esta era la gran oportunidad para viajar.

Pues bien, una vez que el gobierno supo del viaje dieron la macabra orden: “esa nave no debe aterrizar en la isla”. Fue así que hicieron todo lo que técnicamente era impensable en la época para que la preparación del vuelo fuese lo más precaria posible. Por ejemplo, se encargaron de llenar la nave con la cantidad de combustible justa para llegar al lugar, mas no para sobrevolar. Les dieron permiso para volar, pese a que las condiciones del tiempo no eran óptimas, se encargaron de facilitarles la nave más antigua de la flota, y planificaron todo para que pudiese aterrizar apenas al primer intento, en un lugar donde era sabido, que por lo general tomaba más de un intento aterrizar cuando las condiciones de tiempo no eran las mejores.

¿Cuál fue el resultado?
21 personas murieron, la nave se hizo añicos en el mar, jamás se pudieron encontrar los cuerpos completos y la tragedia fue utilizada mediáticamente para generar pena y shock en la población. Los diarios hablaban al respecto, la televisión, internet, la radio, todos estaban impactados. El plan macabro del gobierno había resultado a las mil maravillas. El asunto se presentó como una accidente, y de repente, un país que estaba en camino a la revolución, quedó de rodillas y dividido. Pues nadie se atrevió a seguir en sus posturas rígidas ante la tragedia. El funeral del presidente mártir terminó siendo un evento íntimo solo para familiares y amigos, totalmente alejado de lo que se esperaba: un multitudinario evento.

Un par de semanas después, los estudiantes se sentaron a dialogar con el gobierno, y como te imaginarás, no quedaron en nada, han pasado 60 años y tú, aún en estos días, tendrás que endeudarte para estudiar. Un par de meses después la revolución había sido reducida a su mínima expresión, se dejó de marchar, los paros se levantaron, los estudiantes volvieron a las aulas.

Unos años después, los que antes marchaban ahora ocupaban puestos en el congreso, se habían vendido por nada, por un sueldo de rey tras marchar con la plebe. Usaron a la gente, se vistieron de sus dramas y sueños para poder robar cámara y atención para sus respectivas colectividades dándole la espalda al pobre y al necesitado.

–Ahora entiendo abuelito. Que mala fue esa gente.
–Así es nietecita. Eso fue lo que pasó en esa isla. Y en el fondo, en esa nave no solo mataron a un animador, sino que echaron abajo una revolución, los sueños, las esperanzas, al pueblo entero. En ese momento, todos nosotros fuimos destruidos.

Ahora depende de ti y de tus amiguitos que se alce de nuevo esta gente; ahora depende de ti que dejemos de ser consumidores y seamos por fin ciudadanos, compañeros y hermanos. A mí ya no me queda mucho, pero en ti esta la oportunidad de por fin entregarles a los pobres la vida que se merecen. El pueblo los necesita.

 

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