Del sueño a la realidad, un paso

¿Qué es la vida, sino la acumulación de experiencias que hacen a un individuo ser quien es, opinar lo que opina y sentir lo que siente? “En mi opinión, la época universitaria es la que más marca la vida de las personas en los más diversos aspectos que se puedan considerar. Mi paso por la universidad, debido al constante aprendizaje que éste involucró, ha condicionado mi vida en muchos aspectos y probablemente mientras viva no olvidaré las experiencias a través de las cuales he aprendido. Deseo que mi paso por la universidad permanezca fresco en mi memoria y vivo en el relato familiar de los domingos.” Escribió Canela en su agenda donde sagradamente anota cada noche tumbada en su cama, el acontecer de su vida. Esa noche reflexionaba sobre el tiempo pasado y por pasar en la universidad…

En la mañana siguiente, dormía plácidamente. O al menos dormía tan plácidamente como sus nervios, miedos e inseguridades se lo permitían. Siendo así, vamos a decir que Canela dormía nerviosa, temerosa e insegura, pero plácidamente cuando de repente comienza a sonar “Time of your life” de Green Day. Era la alarma de su celular anunciándole que eran las seis de la mañana y que como reza el dicho: no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. Había llegado el gran día. Así que se levantó y sus nervios, miedos e inseguridades se levantaron con ella y al parecer no pensaban abandonarla. Luego, mientras se duchaba comenzó a concentrarse en convertir sus nervios, miedos e inseguridades en tranquilidad, valor y confianza. Estaba a punto de alcanzar su objetivo de convertir lo positivo en negativo, sin embargo el cariñoso, pero siempre inoportuno grito de su madre la interrumpió para avisarle que el desayuno estaba listo. Canela maldijo la interrupción, pero bendijo a su madre quien siempre estaba presta a atender todas las necesidades de su mimada hija.

Entonces se vistió, tomó desayuno, abrazó muy fuerte a su madre y partió rumbo al paradero donde había tomado la misma micro los últimos ocho años. La espera en el paradero le acrecentó los nervios, el temor y la inseguridad. Finalmente, llegó la micro, se subió y comenzó a hacer el mismo recorrido de siempre rumbo a la Gran Avenida donde se encuentra INACAP, pero esta vez su natal La Serena le parecía un lugar desconocido, dado que estaba padeciendo de una severa ceguera por desatención: miraba por la ventana, no obstante no veía nada, pues sus ojos estaban abiertos, pero su atención estaba en la tesis y no en lo que la rodeaba. Tan distraída estaba en el trayecto que cuando vio la imponente y blanca infraestructura de su casa de estudios frente a sus ojos, quedó pasmada por los nervios, miedos e inseguridades que para ese entonces ya estaban en completa posesión de su ser.

Se bajó de la micro y se paró frente a la puerta principal y comenzó a recordar su paso por su querida institución. Recordó, por ejemplo, lo mucho que le costó llegar el primer día de clases, ya que se encontró con una protesta de “los que sólo saben quejarse”, quienes reclamaban mejoras salariales, asamblea constituyente, educación gratuita, menos discriminación, entre otras disparatadas ideas que cuatro años después comprende mejor.

Recordó también, las interminables preguntas de un profesor cuyo nombre todos asociaban a una famosa animación gringa que lleva más de 20 años en televisión y que es famosa en todo el mundo. Sin embargo, él, y sólo él, lo asociaba al autor de La Odisea, un poema épico griego.

Por su cabeza pasaron un sinfín de recuerdos que la embarcaron por los túneles más recónditos de su memoria donde descansa en paz todo recuerdo preciado. Canela sólo recurre a ese lugar cuando la embarga la nostalgia. Todos nostalgiamos a veces, pero ella nostalgia muy a menudo y sobre todo cuando no hay tiempo para ello, como en ese momento.

De pronto un bocinazo se oyó en la Gran Avenida y de golpe tuvo que abandonar los túneles recónditos de su memoria e incorporarse a la vida real. Volteó para ver qué había sucedido y en aquella búsqueda sus ojos se encontraron con los de su amigo, compañero, profesor y actual pololo oficial que venía a darle su incondicional apoyo. Se trata de un gringo achilenado o de un chileno agringado. Nadie, menos ella, lo tiene claro. Lo cierto es que nunca ha querido resolver aquel misterio, pues eso no es lo que le encanta de él.

Él fue para ella su gran decisión en la época universitaria. Mientras fue su profesor y estaba prohibido para ellos el amor, fue su gran mentor. Ahora que son pololos oficiales, son todo lo que fueron antes y mucho más.

Ella lo besó en la mejilla y lo abandonó para dirigirse a la sala donde la esperaban sus profesores. Antes de cruzar el umbral de la puerta que se abría al futuro éxito, inhalo y exhalo tres veces para relajarse. Por suerte sus nervios, miedos e inseguridades se distrajeron en la escena del pololo entregando su apoyo, por lo que en ese momento estaba liberada de tan pesada carga. Repasó la cara de cada uno de los profesores que la miraban expectantes con el gesto de quien espera ver una luciérnaga brillar en las tinieblas de un gran bosque.

Sabía que ese era el momento para devolverle la mano a los profesores demostrándoles que su esfuerzo sirvió y su labor de educar y entregar conocimiento estaba cumplida a cabalidad. La chica se presentó y defendió su trabajo como un abogado defiende a un inocente. No hubo pregunta que no supiese responder, pues no en vano se había preparado cuatro años para su gran instante.

Abandonó la sala entre los elogios de sus profesores y regresó al frontis de la Universidad donde su novio aún estacionado en la Gran Avenida esperaba su regreso. Ella le compartió su éxito y le agradeció por ayudarla a vencer sus propias trancas sin siquiera saberlo. Él le tomo la mano y la condujo hasta el auto. La invitó a recostarse sobre el capot y contemplar las nubes dejarse llevar por las decisiones antojadizas del viento. Mientras veían irracionales figuras en cada una de las nubes, estrecharon sus manos con tanta fuerza como queriendo no separarse nunca. En ese momento Canela sintió el éxito y el amor se le hicieron evidentes sólo cuando hubo abandonando lo negativo. Finalmente comprendió que la época universitaria es la más bella de todas las que había vivido hasta aquel momento, pero lamentó haberlo comprendido a un mes de abandonarla. “Siempre se valora lo que se ya no se posee. Tenía que pasarme aquí también”, concluyó finalmente y sonrió. En ese entonces comienza a sonar “Time of your life” de Green Day. Era la alarma de su celular anunciándole que eran las seis de la mañana y que como reza el dicho: no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. Había llegado el gran día. Despertó algo desconcertada con la sensación de haber tenido un sueño premonitorio. Un sueño hermoso que estaba dispuesta a convertir en realidad…


Por Cristal
llavedecristal.wordpress.com

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