El dios de la traducción I

En las serenas colinas de un pueblo cercano habitaban los dioses del conocimiento. Estaban el dios de la lingüística, el dios de la filosofía, el dios de la literatura, el dios de las matemáticas y una aspirante a diosa de algún área, quizás gastronomía o algo así. Sin duda había mucha competitividad entre estos dioses, sin embargo, el dios de la traducción era el más perfeccionista de todos. Este último era un dios omnipotente, estricto, correcto, infalible y bondadoso. Todo esto según su propia opinión, pues en realidad era todo lo contrario.

Se cuenta que alguna vez en el reino existió un grupo de súbditos intelectuales que despertaban la ira del dios de la traducción, pues eran más astutos y eficientes que él. Al ver éste dios que su puesto peligraba esparció rumores entre los demás dioses para arruinar la reputación de aquel grupo. Este divino ser se permitía sostener que los insurrectos estaban violando antiguas leyes establecidas por los antiguos sabios de la primera era de la traducción y que, además, no hablaban todas las lenguas decretadas oficiales en el reino. Debido a estos rumores los dioses del conocimiento convocaron a un consejo extraordinario en la cumbre más alta del reino a fin de discutir el destino de dichos insurrectos.

Ya en el consejo al oír estas escandalosas afirmaciones por parte del dios de la traducción, algunos de sus pares gritaban desde sus tronos: <<¡quémenlos en el fuego de un volcán!>> <<¡castíguenlos de por vida!>>, mas ninguna de esas exclamaciones eran suficientes para calmar la ira de los dioses. De pronto, en el medio de la acalorada discusión, ingresa la aspirante a diosa con unos refrescos y canapés para distender el ambiente. No pudiendo evitar oír lo que se discutía y sabiendo que esta será su oportunidad de ser parte del consejo de dioses del conocimiento, , la aspirante a divinidad exclamó: <<Propongo un castigo ejemplar, un castigo del que jamás podrán zafar: traducir El Quijote>>. Los dioses no le dieron mucha importancia a la propuesta de aquella fémina. <<mmm, buen intento, tipa de los refrescos>>, pensó uno. <<No entiendo a donde quiere llegar con eso, mejor dedíquese a los canapés que están bastante buenos>>, dijo otro. La aspirante a diosa fingiendo no notar el desprecio de los miembros del consejo, continuó: <<Se trata de un castigo perfecto. Piénsenlo, si los insurrectos no obtienen una calificación “correcta” en su traducción, se le ordenará a borrar todo y comenzar nuevamente. De no lo lograr dicha calificación deberán comenzar día tras día un nuevo trabajo hasta el fin de la era de los dioses de la traducción>> -la cual es eterna o hasta el fin de los días de los insurrectos-. Al unísono todos comprendieron lo macabro del castigo y rieron desatando su maldad. Tan fuerte fue la risa que desde la cumbre descendieron sus terroríficas carcajadas agrietando el suelo bajo los pies del pueblo cercano y causando pavor entre los ciudadanos.

La condena de los intelectuales (o insurrectos según los dioses) comenzó la mañana siguiente y al terminar la jornada entregaron su primer trabajo el cual, por supuesto, fue rechazado por el dios de la traducción, quien sentado en su enorme trono, les ordenó volver a comenzar, pues su desempaño había sido ¡HORRIBLE! Al abandonar el lugar y regresar a sus habitáculos, los pequeños intelectuales supieron que la siguiente mañana debían comenzar nuevamente un trabajo que quizás jamás terminaría. Mientras tanto el dios de la traducción en su sagrado tabernáculo reía sin control por haber derrotado a sus enemigos.

Así fue como el dios de la traducción perpetuó su reinado y se sintió tranquilo porque comprendió que con semejante castigo ningún otro intelectualiode osaría desafiar su vasto conocimiento sobre la vida y las ciencias. No obstante, a la aspirante a diosa no le fue concedido el título divino, aunque sí fue ascendida a mano derecha del dios de la traducción, puesto que secretamente utilizaría para vengarse de años de humillaciones como sirvienta. Nada haría presagiar que tan amable dama estaría dispuesta a desatar su odio en tan serenas tierras…

Continuará…

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