Temporada de vientos

Estamos en temporada de propuestas acerca de qué hacer con esta larga y angosta faja de tierra por los siguientes 4 años y más. Los candidatos presidenciales despliegan su poderío comunicacional —sobre todos los pertenecientes al doupolio Nueva Mayoría/Alianza— y nosotros, los que vivimos día a día en el Chile de la congestión vehicular, del transporte público saturado, las filas en los hospitales y las miserables pensiones, por mencionar algunas cosas, quedamos atónitos al ver cómo esta gente de verdad no tiene idea del Chile que existe más allá de La Moneda o el Congreso en Valparaíso. Se pasean por ferias regalando empanadas, como si de eso se tratara el “escuchar” a la gente —ahora que lo veo, tiene sentido, la gente con la boca llena no puede expresarse claramente, por eso les gusta mantenernos con la boca llena en temporada de elecciones—.

Es en el medio de este tumulto de ideas y opiniones —donde algunos ridiculizan las ideas de los demás y otros declaran total obediencia a sus partidos políticos por sobre las demandas ciudadanas— que es impactante ver cómo los medios y algunos “líderes de opinión” se encargan a diario de tratar hacer creer que tener salud y educación pública gratuita y de calidad;  pensiones dignas que no condenen a la pobreza a aquellos de avanzada edad; poner fin de una vez por todas al nefasto sistema de pensiones administrado por las actuales Administradoras de Fondos de Pensiones, es simplemente ridículo, radical e imposible.En qué momento nos convertimos en una sociedad que toleró tanto abuso, dónde se estaba cuando se construyó este país tan desigual y donde el hablar de derechos universales garantizados se convirtió en algo blasfemo, inmoral y retrogrado. El origen hace 4 décadas — que para motivos de esta columna no son relevantes— en este momento no importa, porque en el Chile del 2013 y de comienzos de siglo, lo que importa es el hoy y la convicción popular que se tenga, el recuperar la dignidad y exigir lo mínimo que te puede otorgar el territorio donde naciste; un estado que se preocupe por tu salud, tu educación y tu vejez.

Es de esperarse que el pueblo alguna vez recoja mucho más que las migajas que quedaron del festín de los demás, como cantaban Los Bunkers. Y que de una buena vez en cada hogar penetre la idea de que exigir más no es buscar el acomodo personal y el llevar este país al descalabro, todo lo contrario, es simplemente pedirle al señor o señora que se sienta en el Congreso que vele por tus derechos y no los propios; que vele por tus cuidados y no por las grandes pandillas económicas (grupos económicos) que nos saquean sin misericordia; es simplemente recordarle al Presidente de turno, que la gente lo puso allí en La Moneda, no sus amigotes dueños de toda la propiedad privada en Chile y que, por ende, es su deber moral el atender a las necesidades de un pueblo.

Ahora bien, seamos honestos, es muy probable que estos señores les importe un comino tu opinión, tu salario mínimo, tu educación, tu salud o tu pensión, sobre todo cuando sus sueldos son hasta 10 veces superiores. Cómo podrían sentir empatía cuando desconocen lo que es llegar a fin de mes con los bolsillos vacios; como podrían resolver tus dudas si ni siquiera saben a cuanto está el pasaje en la micro.En fin, pese el desdén habitual de aquellos que se visten con el poder, es necesario citar nuevamente consignas de esas que les ponen los pelos de punta a aquellos que retrotrajeron la historia hace un tiempo: “el pueblo unido jamás será vencido” (Quilapayún).

Por Pablo Mirlo

pablomirlo.wordpress.com

 

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