Un mar de dudas

¿Quién está detrás del nulo diálogo entre Chile y Bolivia por su demanda marítima?

Contexto histórico: la mano empresarial detrás de la guerra

Para la mayoría de la gente (que tiene algo de rigor investigativo) no es misterio que la mal llamada “Guerra del Pacífico” no fue sino una de las tantas veces que los pueblos han sido impelidos a pelear mandatados por sus amos: el empresariado.

La guerra por el salitre –que es lo que realmente fue y no una guerra por el mar– que se libró entre los años 1879-1883, tuvo lugar cuan-do nuestra nunca bien ponderada clase empresarial, esos señores que nos dan trabajo de manera tan abnegada y cariñosa, se enojaron y patalearon porque el Gobierno Boliviano le había establecido un impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado a la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta, en ese momento propiedad de empresarios chilenos pero en territorio boliviano.

El resto de la historia ya es conocida, Chile declaró la guerra a Bolivia y finalmente terminó en guerra incluso con Perú. El Gobierno Chileno invadió lo que hoy se conoce como la Región de Antofagasta e incluso, siguió su avance hacia el norte, anexando luego de varias campañas expansionistas las regiones de Arica y Parinacota y Tarapacá, otrora pertenecientes a Perú.

Pero eso no solo quedó ahí, posteriormente, todo el territorio anexa-do pasó a ser regido por déspotas empresarios que se convirtieron en los “señores del salitre”; una manga de ingleses que a manos llenas saquearon las riquezas de la tierra, explotaron a la gente, y les hicieron esclavos en sus oficinas salitreras. El empresariado chileno, reconocido por su nula capacidad de mover sus fofas nalgas desde los escritorios, en vez de tomar posesión de las nuevas tierras, prefirió hacerse a un lado, pues desde Santiago y con las migajas que le caían de los ingleses, les bastaba para mantener sus vicios y aberraciones, entre estos: comprar jueces, políticos, el clero, atormentar a los pobres, etc. Y de esa manera, evitar ensuciarse las botas con la tierra del desierto y el sudor de los pobres.

Como dijo alguien por ahí, la única clase que es igual, que no varía en un solo ápice, sin importar en qué país se viva, es la clase oligarca, los ricos, los empresarios, estos son todos iguales, para ellos no hay cultura que los diferencie, quizás justamente por eso, porque carecen de cultura alguna y aquí, no es la excepción.

El empresariado en la actualidad: demandas peruanas y bolivianas

El empresariado maneja nuestro destino, y parecieran también manejar la política exterior chilena hasta nuestros días. Es por ello que observaremos los casos de demanda marítimos presentados por Perú y Bolivia contra Chile respectivamente y la respuesta del estado chileno a ambas naciones.

En enero pasado, luego de años de dudas e incertidumbre en la Corte Internacional de La Haya, en Holanda, finalmente los jueces de babero, como los llama el profesor Gumucio, terminaron por establecer nuevos límites marítimos entre Chile y Perú. En definitiva, Chile perdió cientos de miles de kilómetros cuadrados de mar. Ahora bien, durante el largo proceso judicial que enfrentó a ambas naciones, los medios de comunicación (los del empresariado chileno) se encargaron de destacar que pese a las diferencias limítrofes entre Chile y Perú, se estaba aplicando una estrategia de “cuerdas separadas” entre ambos países.

En realidad, esta estrategia no era más que otra de las jugadas maestras del empresariado, construir realidad mediante el uso del lenguaje. Esta estrategia buscaba transmitir la idea de que aunque estuviéramos en un litigio por territorios, eso no interferiría las relaciones económicas, es decir, mientras nuestras sus inversiones estuvieran aseguradas, les importaba un bledo lo que pasará entre ambos países, pues desde su visión monetaria, el dinero no conoce fronteras ni nacionalismos baratos. Y la gente lo creyó.

Neoliberalismo al rescate: empresariado chileno y peruano

De más está decir que tanto las economías de Chile y Perú son del tipo neoliberal, que ambas naciones son las más que han “crecido” en los rankings macroeconómicos en Latinoamérica, y que el intercambio comercial entre ambos países aumentó hasta un 800% en el periodo 1998-2012, razón más que suficiente para cuidar la gallina de los huevos de oro. Además, cabe mencionar, que existe una gran presencia de empresas chilenas con grandes inversiones en el vecino país, otra razón más para bajar la tensión diplomática y privilegiar el amor y cariño del empresariado.

Entonces, volviendo al tema limítrofe ¿qué hizo que una derrota diplomática, territorial y política como la sufrida por el Gobierno de Chile ante Perú pasara solo como una anécdota?

La respuesta es simple, el empresariado y la similitud de modelos económicos. Ya nadie se acuerda de lo que se perdió en materia territorial, nadie le pasó la cuenta al más ineficiente presidente que hemos tenido desde el fin de la dictadura militar, Sebastián Piñera, ni tampoco se le pasó la cuenta a Michelle Bachelet, después de todo, fue durante su primer mandato (2006-2010) que el Estado, y esta es la palabra clave, ACEPTÓ ir a juicio, según nuestra noble clase política: “porque no había nada que perder”. La razón detrás de esto es que ambas naciones, presionadas por el empresariado, decidieron bajarle el perfil al asunto con tal de mantener al pueblo en paz, mientras ellos se repartían la torta dejando de lado nacionalidades y chovinismos, pues su rey y señor es el dinero y solo a él le debían lealtad.

La Bolivia estatal vs. El Chile privado

¿Por qué el caso de la demanda boliviana es tratado de manera diferente?

Ahora bien, esto es lo que más me llama la atención. Uno puede o no estar de acuerdo con la demanda marítima boliviana, sin embargo, que recientes voces desde el poder estén planteando la idea siquiera de no ACEPTAR la competencia del Tribunal Internacional de La Haya con respecto a la demanda boliviana, cuando en el caso de la demanda peruana SI fue ACEPTADA, es por lo bajo curioso.

Saquemos al empresariado de nuevo al pizarrón. El intercambio comercial entre Chile y Bolivia ha crecido levemente en los últimos años, concentrándose principalmente en la zona norte del país. En cambio, las inversiones chilenas en Bolivia son realmente escasas. Bolivia es el cuarto país en el que menos invierte nuestro noble empresariado, solamente superado por: Antillas Holandesas, República Dominicana y Costa Rica.

¿Qué quiere decir esto?

La presencia de nuestros queridos “nalgas fofas” en Bolivia es prácticamente nula, lo cual explicaría la razón de por qué se trata con tanto desdén el Gobierno Boliviano y sus anheladas demandas. No existen intereses que proteger por parte del mundo privado chileno en Bolivia. Por lo tanto, no hay estrategia de “cuerdas separadas”, pues ni siquiera hay relaciones de dinero entre ambos países.

El gobierno boliviano, claramente tiene una visión más estatista de las empresas. Allí la empresa privada no se puede hacer y deshacer como si lo hace en Chile y Perú, por ende, las visiones de Chile y Bolivia con respecto al mundo privado son disonantes. Claramente el altiplánico país dista mucho del paraíso económico-liberal existente entre Chile y Perú.

La mano que mece las guerras: el empresariado

Nuevamente, esa misma mano empresarial que llevó al Gobierno de Chile a invadir territorio boliviano pareciera hacerse presente, y susurrarle al oído a la clase política lo que deben o no hacer en el caso de la demanda marítima boliviana; susurros que se traducirían en algo como lo siguiente: “Desconozcan al Tribunal de La Haya, y los bolivianos que se jodan, si quieren mar, peleen por él, total allí no tenemos inversiones que defender, pero si un ejército deseoso de pelear por nuestros intereses y desempolvar los fusiles a nuestra orden”.

A diferencia de la demanda (ridícula) que hizo Perú por mar, la cual fue aceptada con amor y buena voluntad por parte del estado chileno el 2006. La demanda presentada por Bolivia ha sido minimizada y ridiculizada por la prensa, el poder político y sobre todo económico y no sería raro que Chile no aceptara ir a juicio por ella.

Conclusiones

La idea aquí no es defender el Tribunal de La Haya, bastante cuestionable dicho sea de paso. Tampoco apoyar o estar en contra de la de-manda boliviana, la cual en lo personal, me parece bastante más atin-gente que la planteada por Perú. La idea es demostrar el doble estándar con el que funciona nuestra clase política ante temas internacionales, pues es evidente que se mueve motivada por intereses económicos mas que latinoamericanistas. Pero más importante aún, la idea aquí es demostrar que nuestros queridos “nalgas fofas” son los que en definitiva pautean a nuestro honrados “servidores públicos”.

Como me gustaría que esos ridículos desayunitos entre los ex mandatarios en La Moneda con presencia de: el golpista Patricio Aylwin, el vende estado Eduardo Frei, el amante de la constitución de Pinochet, Ricardo Lagos y el prófugo de la justicia Sebastián Piñera , junto con nuestra ambigua “socia lista” Michelle Bachelet fuesen para tratar otros temas más relevantes.

Como me gustaría que ese arcoíris que va del PC a la UDI no solo tratará los temas limítrofes como “temas de estado” y para los cuales se exige solo una voz, sino que se unieran UNA sola vez para tratar a: la pobreza, al hambre, a la inseguridad laboral, la pensiones miserables, la salud, las deudas educacionales y habitacionales, como verdaderos “temas de estado”. Sin embargo, sé que peco en mi deseo, pues pasarán los años y el empresariado seguirá rigiendo nuestros destinos como lo ha hecho ayer, hoy y siempre.

 

Por Pablo Mirlo
pablomirlo.wordpress.com

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