Un nuevo lenguaje

Hubo un tiempo en que el pueblo tras décadas de mal vivir y dormir finalmente vivió un sueño. El 4 de septiembre de 1970 triunfó Salvador Allende Gossens encabezando el conglomerado de partidos de izquierda conocido como la Unidad Popular. Nuestra generación, todos aquellos que tienen menos de 30 años, no vivió directamente ese sueño, sin embargo no nos es ajena la historia que se vivió.

Salvador devolvió la dignidad a un pueblo que había sido pisoteado desde la creación de este país. Forjó un estado que finalmente tomaba las riendas de sus propios recursos naturales y se encargó de otorgarle los derechos fundamentales a aquellos que de verdad mueven a toda una nación, sus trabajadores. Sin embargo, el sueño fue truncado de golpe el 11 de septiembre de 1973, cuando manejados como marionetas desde Washington las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile más los civiles, la prensa y partidos políticos de derecha decidieron embriagarse con el vino de la traición e infamia y desatar toda su odiosidad sobre los soñadores, el pueblo y los pobres.

Un nuevo lenguaje se esparció como niebla entre los desprotegidos tras el golpe de estado, de la noche a la mañana pasamos de hablar de: derechos, compañerismo, cooperativas, cordones industriales y venceremos; a internalizar palabras como: dictadura, toque de queda, campos de concentración, detenidos, desaparecidos, extremistas, junta de gobierno, disolución del parlamento, exiliados, clandestinidad, sapos, libros quemados, segunda Cuba, guerra irregular, allanamientos, centros de tortura, DINA,CNI, etc.

Cuando pienso en esto no puedo sino repugnar lo sucedido. No era necesario que modificaran nuestro lenguaje cotidiano, no fue justo que nos hicieran aprender a callar y aprender a obedecer cuando al prójimo masacraban en clandestinos campos de concentración. Desconozco si habrá estudios en torno a la influencia que este nuevo lenguaje tuvo en las bocas y mentes de todos aquellos que vivieron la dictadura militar en carne propia entre 1973-1990, pero si sé como ese lenguaje aún nos persigue.

Hoy, cuando se cumplen 40 años desde que la mentira, la infamia, el buscar el beneficio personal por sobre el bien popular, el consumismo, la explotación, los abusos y la sinvergüencería reinara sin contrapeso, es interesante darse cuenta que la dictadura sigue más viva que nunca en nuestra lengua chilensis puesto que, por mostrar sólo un ejemplo, palabras tales como “detenido desaparecido” se siguen apareciendo. Desde el minuto que un familiar de detenido desaparecido se pasea con una fotografía de aquel ser querido que le quitaran, la dictadura emocional a la que ha sido sometido o sometida sigue lejos de terminar en su mente y en su boca. Desde el minuto que tomamos una moneda que dice pesos y no escudos; desde el momento que escuchamos hablar de un sistema binominal; desde que leemos una Constitución Política que fue establecida en 1980; desde que vemos cómo un sistema capitalista establecido en dictadura nos oprime; desde que vemos cómo un sistema privado de educación que lucra sin piedad fue establecido en dictadura; desde que vemos cómo un sistema de salud privado establecido en dictadura reporta millonarias utilidades a sus dueños y desprotege a los pobres; desde que vemos cómo un sistema de pensiones establecido en dictadura nos condena a una vejez en la miseria; desde que vemos cómo la industria de la minería, en manos de potencias extranjeras desde la dictadura, nos deja agarrando las migajas que caen;  y desde que vemos cómo ministros y parlamentarios que trabajaron para la dictadura se hacen los ciegos, sordos y mudos en materia de derechos humanos; sólo me hace decir, seguimos en dictadura; sigue viva en nuestra mente y en nuestra boca.

El nuevo lenguaje que se nos obligó a conocer sigue tan vigente como en aquellos negros años, debido a que los soldados de antaño se vistieron de camisa y corbata para administrar todo lo saqueado en 17 años sin nunca poner un solo pie en la cárcel y los civiles, pues siguen allí administrando periódicos y bancos. Un nuevo lenguaje nos es necesario establecer y este sólo llegará de la mano de otras dos palabras: justicia y verdad. ¿Tanto cuesta? Forjemos un nuevo lenguaje.

Por Pablo Mirlo

pablomirlo.wordpress.com

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