Economi$ta$

A estos personajes de hace rato que los tenía en la mira: los economistas.
En la flora y fauna chilena, y por qué no decirlo, en el medioambiente general, de aquellos países en los que impera un lógica empresarial en desmedro de lo social, estos especímenes, llamados economistas, han ido copando todos los espacios de nuestro ecosistema, al punto de que se les puede apreciar en: sets de televisión, en estudios de radio, en columnas en periódicos, e incluso, dictando cátedras en universidades.

Parecieran ser los profetas de nuestro tiempo. En momentos en que la gente se torna más hacia lo material antes que lo espiritual tener guías, gurús, apóstoles, pastores, chamanes, o como usted les quiera llamar, pero de la economía, pareciera ser la medicina necesaria para sanar los problemas materiales.

No nos engañemos, ya lo dice aquel dicho, el que a buen árbol se arrima buena sombra le cobija, y mucha gente que ha sido obligada a vivir bajo las normas dictadas por “los que más saben” (los políticos) se rinden sin tapujos a lo que un tipo al otro lado de la pantalla tenga que decir en materia económica, pues es evidente que el dinero y su carencia es lo que realmente afecta a las personas –suena como si fuere una droga. Entonces, el común de los mortales piensa, si le puedo permitir a más 130 pelagatos decidir el destino de 17 millones de ciudadanos en el parlamento, ¿por qué no permitir que los que más “saben” de dinero me aconsejen?

Los economistas se pasean por los medios de comunicación dictando sentencias casi mandatadas desde los cielos para que nosotros, los feligreses, les digamos amén y nos sigamos contentando con la migajas que nos dejan.

Por ejemplo, nos dicen: “es que la gasolina subirá porque hay amenaza de guerra al otro lado del mundo”,”es que si se suben los salarios habrá desempleo”, “es que si establecemos un sistema de reparto para los jubilados el sistema colapsará”. Y así nos van envolviendo con cuerdas de lino que lentamente nos rodean; cual arañas nos envuelven con su telaraña para finalmente devorarnos.

Y la prensa complaciente del poder económico solo se dedica a asentir a las palabras santas emanadas de los labios de estos ungidos con inteligencia suprema para manejar nuestro presente y futuro.

Creo que los economistas son peores en la escala de maldad que los políticos, por qué al menos a estos últimos uno los tiene regularmente a la vista, en cambio, los economistas disparan desde las sombras, desde las aulas de alguna universidad estatal o privada, se reúnen en Casa Piedra, publican su doctrina en diarios que el común de la gente no consume, como El Financiero, se hacen los lindos en reportajes de revistas como Empresas y Poder, etc. Material que podría haber sido utilizado en textos escolares o en algo más útil, se gasta en adiestrar a la nación en materias a fines a sus intereses.

¿Hasta cuándo toleraremos que estos “inteligentes” personajes nos rijan? Y es que el Pueblo debe entender que la economía NO es ningún dios. La economía NO es ninguna entidad que no podamos modificar. El Pueblo debe entender que la economía NO es una fuerza natural, como el viento, el temporal, el terremoto o la sequía. El sistema económico fue impuesto por seres mortales; seres mortales que lo pueden modificar.

Siempre me ha llamado la atención el cómo se acepta, casi como si fuera mandamiento celestial el hecho de que las cosas siempre suban de precio. ¿Qué diablos es eso de que el coste de la vida aumenta? ¿Es que de verdad, NOSOTROS seres humanos, se supone inteligentes, NO podemos controlar un sistema que nosotros mismos creamos? ¿Por qué diablos, si somos la especie “más inteligente” sobre la faz del planeta, somos la única en la cual hay congéneres, hermanas y hermanos humanos, que mueren de hambre mientras otros mueren revolcándose sobre fortunas escandalosas? Si somos tan inteligentes ¿por qué nos controlan la vida; gráficos, índices bursátiles, precios de las monedas y miserables economistas?

Somos un poderoso caballo atado a una silla de playa, nos han hecho creer que esa cuerda que nos ata no nos dejará escapar si nos movemos, pero debemos entender que basta con que nos movamos unidos, solo un poco, y la silla será la que cuelgue y se arrastre detrás nuestro mientras galopamos al país y sociedad que queremos; una justa, con derechos, control y poderes consagrados para el Pueblo, y no por “expertos” en lamer la botas de la diosa economía.

Necesitamos más soñadores y menos economistas.
Necesitamos fijar nuestros sueños alto en el cielo, y no quedarnos escuchando a los que ponen plomo en nuestro zapatos.

 

Por Pablo Mirlo
pablomirlo.wordpress.com

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