¿CONFECH o CONFETI?

La confederación de estudiantes de Chile (CONFECH), organización que agrupa a diferentes federaciones de estudiantes de universidades tanto estatales como religiosas, pareciera cada día más sucumbir y tragarse todos los caramelos envenenados que les arroja el poder. Con pena se ha podido observar el último mes el actuar del otrora motor de, quizás, el más grande despertar de conciencia del pueblo de Chile en lo últimos 40 años, las movilizaciones estudiantiles del 2011 encabezadas por justamente la Confech. Hoy, parecieran solo ser el confeti de una reforma que se cocina a espalda de quienes la pusieron en el tapete de la discusión nacional hace ya casi 3 años: los estudiantes.

Es que la situación es frustrante. Hace un par de semanas cuando el ministro de educación Nicolás Eyzaguirre declaró en una entrevista al diario el mercurio que la educación universitaria debía ser gratuita los primeros cuatro años de la carrera, todo el mundo alzó la voz para criticarlo. El mismo gobierno le quitó el piso a sus declaraciones. La derecha lo criticó por ser inconsistente en sus planteamientos. Y la Confech tampoco se quedó atrás, también lo criticó pues, según ellos, ese no es el tipo de gratuidad al que aspiran. En fin, no pasaron ni 24 horas, y la Confech solicitó una reunión urgente con el ministro para aclarar sus dichos, el ministro accedió a escucharlos, y tras un par de horas la Confech se mostró conforme con lo dicho por el ministro y se retiraron felices del Ministerio de Educación, dándole una semana más de respiro al hombre encargado de llevar adelante la más grande mentira cocinada frente a nuestras propias narices en lo que va de siglo, “la reforma educacional”.

No es exagerado lo que planteo, pues dados los antecedentes y lo que no se grita a los cuatro vientos en los medios de comunicación masivos, pero que sí se maneja en los medios de comunicación ciudadanos, independientes y valientes, es sabido que el Ministerio de Educación solo está buscando ganar tiempo mientras arma un montaje tal en el que nadie sienta que perdió algo, y a la vez, en el que todos sientan que fueron parte y responsables de esta reforma. Ahora bien, lo criticable es que para llevar a cabo esta reforma (que nadie sabe de qué diablos se trata) se esté escuchando a personajes, instituciones y especuladores decir que el 2011 ni luces daban de querer cambiar algo. Se está escuchando a la iglesia católica, por ejemplo, a la derecha, a los dueños de colegios y universidades privadas, etc. Gente que si no hubiese estallado el movimiento estudiantil del 2011 ¿usted cree estaría hablando hoy de reformar la educación? Obvio que no.

Los que marcharon el 2011, encabezados por la Confech, fueron los estudiantes. Ese año no marchó la iglesia católica, no marchó la derecha, no marcharon los zánganos que exprimen los bolsillos de las familias para que los niños estudien, no marcharon todos estos despreciables personajes que han amasado fortunas escandalosas a costa del derecho a educarse. No, ninguno de ellos marchó, sin embargo allí están, y se dan maña para reunirse en numerosas ocasiones con personeros de gobierno con tal de no perder su negocio, y aun así hacer creer a los estudiantes que ganaron. Un asco por donde se le mire.

Es por ello que extraño la presencia callejera de los estudiantes. El 2011 lo único que lograron fue plantear un problema: que simplemente no se puede seguir cobrando por educar. La batalla de despertar a la gente de su letargo ya la ganaron, sin embargo, ahora que se juega tanto en materia de decisiones, que se está tejiendo –a mi modo de ver– la mayor trampa del siglo 21 en Chile, la reforma educacional, brillan por su ausencia. No sé a qué obedece tanta lentitud en su actuar. Puede deberse a fracturas internas en la organización estudiantil. Puede deberse a que la Nueva Concertación –con 20 años a cuestas de experiencia en desarticular a los movimientos sociales– realmente domesticó a las cúpulas estudiantiles y los están mareando con su magistral manera de ponerse de vez en cuando el chaleco de alpaca para hablar con ellos y luego la camisa y corbata para hablar cuando se trata de empresarios y rectores.

Puede deberse, tal vez, a que los estudiantes saben que esta es batalla perdida y que la única solución no es una institucional, sino una verdadera revolución, con todas las de la ley. Me gustaría pensar que es esto último, me encantaría pensar que se está tramando algo verdaderamente grande en las bases de los movimientos sociales, colectivos y organizaciones de izquierda callejera, social y poblacional. Pero parece que no. Por ahora, solo puedo pensar que la Confech es el Confeti de la fiesta neoliberal de Bachelet y la derecha unidas.

 

Por Pablo Mirlo
pablomirlo.wordpress.com

 

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