Horror

¿Qué es lo que realmente nos impacta de sucesos como la campaña militar israelí sobre Palestina?

En este artículo no pretendo descubrir la respuesta definitiva a este asunto, sino más bien generar debate en torno a qué nos causa horror cuando oímos noticias como éstas. Me llama mucho la atención que de vez en cuando la tragedia ajena nos golpee tan profundamente. En las últimas semanas, los noticieros han estado plagados de informes del ataque israelí sobre el pueblo palestino. Con una atrocidad, tristemente ya habitual en esta “era de las comunicaciones globales”, se mostró en vivo y en directo el espectáculo de la muerte y el bombardeo sobre Gaza, como si se tratase de una película. En algunas colinas, incluso, algunos ciudadanos israelís tomaron palco, y tal cual 4 de julio gringo, se sentaron a ver las bombas caer y el cielo iluminarse como si se tratase de un espectáculo pirotécnico en vez de pensar en lo que realmente se trata, el genocidio a mansalva de cientos de inocentes.

La solidaridad con el pueblo palestino ha sido generalizada entre aquellos que tenemos alguna conciencia de lo que es el dolor, y de lo que es sentirse constantemente oprimidos. Sin embargo, este tipo de sucesos de alcance global me hacen cuestionarme si lo que realmente nos impacta de este tipo de tragedias es: cuando se mata a mansalva, por sobre lo que, según mi punto de vista, debiera en realidad impactarnos: el simple hecho de que alguien tenga el poder de matar a otra persona. Lo que quiero decir es lo siguiente: pareciera que los sucesos nos impactan más cuando el tamaño de la agresión es igual de grande e ignominiosa, o cuando el tamaño del adminiculo de matar es más potente de lo “normal”. Pareciera ser que en cierta manera toleramos la muerte, solo cuando esta no sea causada de manera “injusta” o “desproporcionada”. Y por otro lado, pareciera que la toleramos más cuando la muerte es un fenómeno circunscrito a una sola persona, mas no cuando ésta afecta a todo un sector de la población.

Pareciera ser que el grado de maldad humana tuviera categorías, y que el asesinato de una persona estuviese dentro de lo que podríamos llamar: “violencia estable dentro de la gravedad”, y que la matanza de muchas, estuviera fuera de ese margen de “estabilidad”, lo cual explicaría la razón de por qué nos impacta más la tragedia masiva que la individual. Sin embargo, yo pienso que el asesinato en sí ya es algo que debería conmovernos a todos. La muerte de una persona a manos de otra, ya es razón suficiente para alzar la voz y luchar contra los abusos. A veces pienso que dependiendo del tamaño del arma, la tragedia es considerada peor. Pero no, esto no puede ser así. Me causan repulsión esas contradicciones “humanas” con relación a las armas y la guerra.

Hace un tiempo, cuando en Siria estaba desatada la guerra civil (influenciada por supuesto por Gringolandia), el mundo entero observaba indolente cómo se mataban unos a otros. Y como decía anteriormente, todos lo consideraban una guerra “estable” dentro de su gravedad. Sin embargo, cuando una población fue atacada con armas químicas, recién, todo el mundo se escandalizó, y de manera rauda todos dijeron que eso era intolerable, que eso no podía seguir sucediendo, que violaba no sé qué ley internacional, en fin. Ahora bien, lo macabro de todo esto es que esa guerra ya llevaba sus buenos meses a cuestas, y los muertos ya se contaban por miles; sin embargo, lo que realmente colmó la paciencia internacional fue que uno de los bandos “jugara sucio” y utilizara armas “no convencionales”. Que contradicción más terrible la que nos rige. Y es que si tomamos como ejemplo este caso, claramente lo que conmueve a la gente no es la guerra en sí, sino que el ¡juego sucio! O sea, que de alguna manera, todos aceptamos por convención la guerra como algo natural, y el uso de balas, bombas, fuego y pólvora como algo aceptable, mas el uso de armas químicas ¿algo inhumano? ¿algo incorrecto? A todas luces, desde esta visión, el pelearse con armas permitidas es muy humano. El lanzarse bombas sobre la cabeza es muy civilizado. El invadir con ejércitos es muy patriota. El fabricar armas es un acto muy natural. Mas cuando se trata de armas químicas, no, eso sí que no.

¿Qué mundo nos hemos construido?

¿Cómo es posible que siquiera existan armas de fuego? ¿Cómo es posible que un humano tenga la posibilidad y facultad de acabar con la vida de otro? ¿Cómo es posible que a través de las armas se pueda establecer la paz? ¿Cómo es posible que nos conmueva el abuso en la guerra, mas no el hecho de que la guerra en sí es una aberración?

Me hago estas preguntas porque muchas veces las tragedias aberrantes en tierras lejanas parecieran solo conmover porque se escapan del macabro marco de normalidad de un conflicto bélico y por el contrario, las tragedias “menores”, no necesariamente bélicas, por ejemplo que un hombre o mujer muera en una eterna lista de espera para ser atendido en la salud pública, pareciera que lo aceptáramos como parte del juego. El estado de sitio en el que viven muchas comunidades del Gulumapu, por ejemplo, no nos afecta tanto, parece ser parte del paisaje. La muerte de líderes del pueblo mapuche, de jóvenes, parece algo tan natural. Los allanamientos en horas de la madrugada, la destrucción de casas por parte de la fuerza policial, el sobrevuelo de drones sobres sus cabezas, los montajes de carabineros, el racismo contra un pueblo milenario pareciera no dolernos tanto pues, como dije antes, pareciera ser un conflicto “estable” dentro su gravedad. Que exista el monopolio de las armas, tampoco pareciera molestarnos. Que existan ejércitos, no nos conmueve. Que millonadas de dólares vayan a parar a los cuarteles mientras somos un pueblo con tantas carencias, parece no ser noticia. Que un hombre muera de frio en una capital que se dice de primer mundo como Santiago no es motivo de consignas y lucha.

¿Qué es en definitiva lo que nos causa horror de tragedias como la del pueblo palestino? Debe ser el asesinato en masa, quizás a mayor número de muertos más impactante la tragedia. Tal vez deberíamos considerar una tragedia el simple hecho que alguien empuñe un arma y mate a otro ser humano también. Tal vez, así podríamos cambiar en algo el mundo. Tal vez deberíamos declarar la paz entre países y no la guerra y ser más conscientes de las tragedias diarias que nos rodean y no solo de aquellas de carácter mundial.

 

Por Pablo Mirlo
pablomirlo.wordpress.com

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