Unidad Popular: Un llamado

En la década del 60 corrían vientos revolucionarios por el continente. Cuba ya había dado el primer ejemplo de liberación del yugo estadounidense mediante la victoria sobre el dictador Fulgencio Batista el año 1959. Dejando, a partir de ese momento, la puerta abierta para que las ideas revolucionarias fluyeran libres como ríos entre los pueblos .

Como consecuencia directa de la Revolución Cubana, los pueblos oprimidos de América latina también comenzaron a incubar la idea de liberarse del imperialismo estadounidense, e implantar un nuevo sistema centrado en el Pueblo, los trabajadores y los más pobres.

En Chile esas ideas también empezaron a florecer, aunque obviamente, fueron tomadas por el poder político y tergiversadas para acabar con lo que se denominaría durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva: “La revolución en libertad”.

Ahora bien, durante ese periodo (1964-1970) la mentada “revolución en libertad” no resultó ser ni lo uno ni lo otro, sino que un mero analgésico para la creciente concientización del Pueblo sobre la necesidad de un cambio estructural en lo social, institucional y económico en Chile.

Por ejemplo, en este periodo se dio inicio a la reforma agraria, la cual dejó en evidencia, una vez más, la escasa convicción del poder de cambiar las cosas de raíz, toda vez que, como sucedió en el caso de las expropiaciones, la mayoría de los latifundistas mantuvieron sus terrenos, y en cuanto al campesinado, poco y nada recibió a cambio. Los beneficiados con esta reformita, como siempre, resultaron ser unos pocos, dejando así en claro que esta “revolución” no tenía nada de revolucionaria ni libertaria, pues sus movimientos seguían siendo digitados desde Washington.

Es en vista de lo sucedido durante el gobierno anterior que, a finales de 1969, un 9 de octubre para ser más preciso, el Partido Socialista junto al Partido Comunista, deciden emitir un comunicado público donde dan cuenta del diagnóstico hecho a la situación del país. En este comunicado dejaban de manifiesto el rechazo a las decisiones tomadas durante el gobierno de Frei, las cuales claramente evidenciaban que la “revolución en libertad” había sido un fracaso, toda vez que las desigualdades económicas, sociales y políticas se seguían acentuando, y de paso hacían un llamado.

El llamado era a conformar una alianza con los partidos de izquierda y movimientos sociales, a fin de establecer un Gobierno Popular, y así, disputar las elecciones presidenciales de 1970 con un gran un frente amplio que luchara por: la construcción del poder popular, la profundización de la democracia y las conquistas de los trabajadores, y una política de desarrollo económico planificado. El conglomerado político y social de izquierda llevaría el nombre de Unidad Popular.

El resto de la historia ya es conocida. Salvador Allende Gossens ganaría las elecciones presidenciales de 1970 por un estrecho margen y posteriormente, sería confirmado por el Congreso como presidente de la república de Chile. Durante su gobierno las transformaciones fueron rápidas y vertiginosas. En materia de reforma agraria se avanzó mucho más que los 6 años del gobierno anterior. Incluso, las comunidades Mapuche del sur de Chile recibieron títulos de propiedad sobre terrenos ancestrales que les habían sido arrebatados por el poder económico en el país a lo largo de los últimos casi 90 años. Este fue el único periodo de la historia moderna donde el pueblo Mapuche logró algo de justicia tras la invasión del ejército chileno a su territorio a finales del siglo XIX.

Y en materia de soberanía, durante el gobierno de Salvador Allende, se llevó a cabo la gran nacionalización del cobre, abriendo paso a una independencia económica de la que nunca había gozado el país. Y en fin, los triunfos sociales y populares se multiplicaban por cientos. Este mes, a 44 años del inicio del gobierno más transformador que ha tenido Chile, declaramos que recordar estos ejemplos, el origen de la Unidad Popular, y solo algunos de sus tantos avances, no es solo acto de nostalgia, sino que es un acto de reivindicación.

La Unidad Popular, como nombre y concepto tan hermoso, no puede seguir siendo objeto de la burla y el desprecio de los arrogantes traidores al pueblo que asumieron y aún controlan el poder desde la mañana del 11 de septiembre de 1973.

La Unidad Popular, lejos de solo ser el nombre de un conglomerado político es un llamado, es un imperativo en el actual Chile injusto, desigual, egoísta e indolente en el que vivimos, a que el Pueblo se una bajo los mismos sueños, ideas, proyectos que quedaron destrozados a punta de balas, muertes, tortura, exilio y desaparición hace cuatro décadas. Recoger la herencia de la Unidad Popular es recoger la sangre derramada de tantas y tantos que murieron por defender la soberanía del Pueblo.

El levantar las banderas de la justicia social, de la soberanía popular y la independencia económica, siguen tan vigentes como en la década de los 60, y es por eso que, no dejar estas consignas morir depende de cada uno de nosotros.

La Unidad Popular es lo que necesitamos AHORA. La unión decidida del Pueblo, dejar de lado diferencias mínimas y construir YA un movimiento amplio, no sectario, inclusivo y amigable, que eduque al Pueblo y le entregue la dignidad arrebatada por años de abusos y humillación es nuestra obligación como herederos de luchas pasadas.

Si seguimos luchando por ideas del pasado, es simplemente porque esas ideas aún no han triunfado. Las grandes alamedas no SE abrirán solas, NOSOTROS las abriremos.

¡Unida Popular ahora!

 

Por Pablo Mirlo
pablomirlo.wordpress.com

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