REVOLUCIÓN: más allá de lo conocido

Comúnmente creemos que no se puede vivir una revolución sin armas, pero una revolución tiene muchas etapas, muchas formas, muchas posibilidades. Por ejemplo, se puede proponer una revolución mental o de conciencia que se lleve a cabo a través de la información, a través del poder de las palabras. No obstante, hay que tener en claro que toda revolución necesita saber defenderse de cualquier enemigo y eso implica saber manejar armas.

Tomemos por ejemplo el caso de la revolución llevada a cabo por el gobierno de la UP en Chile encabezado por Salvador Allende. La hermosa vía chilena al socialismo que no supo defenderse de la oligarquía cuyo ataque era inminente, no habría otra respuesta por parte de la derecha económica que el ataque, eso se sabía a ciencia cierta. Mas no se tomaron precauciones, no se armó el pueblo, no se armó la gente, no se creó una milicia popular, una milicia del gobierno y las consecuencias fueron devastadoras para la confiada gente. Lamentablemente, Salvador Allende confiaba mucho en el Ejército de Chile y pensó que ellos no se prestarían para atacarlo a él y menos a su pueblo. Estuvo consciente de que lo atacarían, pero siempre confío en que lo harían dentro del marco de la legalidad. Sin embargo, ese momento de la historia nos sirvió para darnos cuenta de que la votación popular no lo es todo. Cuando se trata de mantener el poder y el control económico y social de un país, la oligarquía no escatima en ataques.

Habría que revisar la historia detenidamente. Aunque cuando uno revisa la historia todo parece más simple y todos habríamos hecho las cosas distintas y mejores, pero debe de haber sido terrible estar en sus zapatos. Ahora todo somos héroes elucubrando planes para haber evitado la masacre del pueblo. Pero Allende era un hombre de palabra, un hombre confiado, un hombre que sabía que si se empeña la palabra no hay lugar para la traición. En este punto es importante hacer hincapié en la honestidad y la confianza que son valores esenciales para gobernar un país. Ojalá todos tuviéramos el valor de confiar en nuestros pares con ciega certeza de que somos ante todo seres humanos respetuosos. A eso se le llama utopía: al soñar en grande, con justicia, humildad e igualdad. A eso tan imposible para el ser humano.

Entonces, bajo el escenario de la masacre militar en contra del pueblo ahora todos debemos creer que Salvador Allende debió armar a su pueblo, debió armar una guerrilla, debió crear mejores condiciones de defensa para pueblo. Pero tenemos que reconocer la belleza que coexiste en el acto de creer en la gente y confiar en el ejército. Si el mundo fuera justo y respetuoso, todo sería distinto. Incluso, quizás hasta las revoluciones serían innecesarias, pero no es así, es duro, es un mundo extraño, es terrible pero cierto: necesitamos las armas y tenemos que hacer uso de ellas cuando la situación lo amerita. Triste realidad de la que tenemos que hacernos cargo, sobre la cual tenemos que conversar, pensar, reflexionar y evaluar si en realidad queremos convertirnos en presa de las armas para llevar a cabo nuestras revoluciones tanto colectivas como personales. Es cierto que resulta inconcebible que siendo una especie tan inteligente, seamos presa de objetos que nosotros mismos inventamos, pero lo somos. Las armas pueden tomarse el poder en cualquier momento y si los poderosos las tienen, entonces, el pueblo tiene el deber de usarlas también.

Hoy, a 41 años de la muerte de Salvador Allende, todos habríamos tomado mejores decisiones. Todos habríamos actuado desde la desconfianza y la tan humana condición de egoísmo. Pero él fue un hombre que creía en la justicia más que en sí mismo, una persona increíblemente más sensible que otros líderes mundiales, y por tanto, desde esa sencillez, desde esa humanidad, el compañero presidente no podría haber actuado de manera más consecuente. Errónea o no, Allende tomó su mejor decisión. Por tanto, cuando revisamos la historia, lo mejor es aprender las lecciones, no creernos héroes después de la batalla, sino aprender de los errores y comprender que no se puede llevar una revolución a cabo sin las armas. Ojalá nunca sea necesario usarlas, pero hay que estar preparados para tomarlas cuando se requiera.

 

Por Cristal
llavedecristal.wordpress.com

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