Los sueños de ayer

Ya han pasado 44 años desde el triunfo del proyecto popular del Presidente Salvador Allende. Mucho se ha hablado, mucho se ha escrito, mucho se ha mentido.

He revisado videos de los discursos de Allende. He visto las imágenes de su campaña presidencial. He visto la alegría de esos jóvenes, hoy muchos de ellos ya viejos en lo físico, mas aún jóvenes en lo espiritual, que lo acompañaban, y aun así siento, que no hacemos lo suficiente por continuar sus luchas y honrar su pasado. Hoy, muchos de nuestros viejos, y que vivieron en carne propia el sueño popular de Allende, se han convertido en esos viejos jóvenes a los que hacía alusión en la Universidad de Guadalajara el 2 de diciembre de 1972, cuando hablaba a la vez con ahínco en contra de esos otros “jóvenes viejos” que no pensaban sino en sí mismos mientras la miseria les rodeaba. Son esos viejos los que hoy nos pueden abrir el camino futuro, y conectar a la vez nuestros sueños con los del pasado. Salvador Allende se consideraba un viejo joven, pues sus ideas, pese al paso de los años, seguían las mismas de cuando era un joven universitario. Hoy hay muchos más de ellos.

Es por Salvador Allende, ese “viejo joven” que hoy escribo. Es por aquellos que en la actualidad soñamos con un país justo. Es por todos aquellos que aún están vivos y que abrigan en sus manos la esperanza de un Chile mejor que dedico estas líneas.

 Actualidad

Vivimos momentos críticos en lo social. La desfachatez de quienes nos gobiernan parece no tener techo. Un prófugo de la justicia puede ser presidente: Piñera. Aquellos que ganan más de 8 millones de pesos (16 mil dólares) mensuales nos fijan salarios de no más de 200 mil pesos (400 dólares). Expertos nos dictan las normas de cómo vivir. El creador del más nefasto sistema de pensiones en el mundo no cotiza. Los otrora líderes del movimiento estudiantil se sientan en el congreso a legislar tras pavimentar su carrera política pisoteando los sueños, sacrificios y marchas de miles. Tenemos líderes cuyos hijos no van a la educación pública, y que no se atreven a terminar con la discriminadora educación privada. Vivimos en país segregado, en lo urbano y económico. Y aún sí, nos mantenemos impávidos y seguimos como si nada. La muerte de los sueños de ayer es lo que nos tiene sumidos en las pesadillas de hoy.

Es por eso que es necesario escuchar de vez en cuando la voz de la experiencia

A muchos de los viejos jóvenes de hoy, y que lucharon codo a codo en la época del gobierno popular se les ha mandado a callar, cuando todavía les queda tanto que aportar. Es por eso que, para lograr nuestros sueños actuales de justicia social, es necesario nutrirse también de los sueños de aquellos que lucharon con Allende en su momento. Es prestar atención a las palabras de aquellos que experimentaron la clandestinidad, que lucharon contra la dictadura y que intentaron restaurar el proyecto popular de Allende, cuando la sangre corría como ríos por las calles, lo que nos puede reafirmar hoy aún más la convicción de que la lucha social no ha terminado.

Autoeducación

Otra forma de rescatar los sueños del pasado es mediante la documentación y una revisión de todo aquello que nos queda como reliquia de sus luchas pasadas. Para ello se hace necesaria la autoconstrucción de una memoria histórica fiel a los hechos. Sabemos que en las escuelas no se aborda el periodo de la Unidad Popular ni la posterior dictadura con la rigurosidad que se debiera, por eso es necesaria la autoeducación mediante la visita de los memoriales de detenidos desaparecidos, museos que rescaten los hechos de ese periodo, la observación de documentales, lectura de libros y revistas de la época, etc.

Conciencia de nuestro deber como herederos

Por último, es imperativo el reconocernos herederos de sueños inconclusos y añadirles los nuestros. No podemos pretender avanzar sin reconocer que debemos encontrar nuestros cimientos en las victorias y derrotas pasadas. Si pretendiéramos olvidar el pasado y partir nuevas luchas sin recordar nuestro origen, solo sería como seguir echando tierra encima de todas las tumbas de aquellos que murieron por nuestro presente. No debemos olvidar que las luchas de justicia e igualdad son luchas que trascienden los años y el tiempo, y por eso, es necesario revisar sus formas de organización, sistemas de educación e información, a fin de adaptarlos a nuestra realidad y construir a partir de ellos movimientos sociales más fuertes y más preparados que, a su vez, construyan un mejor futuro para nuestros descendientes. Hoy somos herederos de un pasado de lucha, mañana precursores.

Solo una amalgama de sueños inconclusos del presente y pasado nos pueden llevar a una victoria permanente. Los sueños nobles siempre serán jóvenes, por eso hoy, pese a que los años pasen por nuestra cara, o la cara de nuestros viejos, es la fuerza de los sueños, convicciones y lucha por la justicia la que nos hace jóvenes.

 

Por Pablo Mirlo
pablomirlo.wordpress.com

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