Hernán Rivera Letelier – Poemas y pomadas

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Me gusta pensar en Hernán Rivera Letelier como ese viejo pampino que no se avergüenza de su condición de medio pelo sin título universitario, pues lo cierto es que nunca ha necesitado de un “cartón” para probar su grandeza literaria y humana. En el norte de Chile es común ver a los viejos pampinos volviendo de la mina con sus miserias y alegrías marcadas como surcos en sus rostros, y es fácil imaginarse en cada uno de esos viejos a Hernán. Es que este escritor es un viejo como cualquier otro, pero tiene la suerte de contar con la maravillosa ayuda de un duende que le relata historias y que luego él reproduce. Las historias pampinas de Hernán son únicas en su especie, él es sin duda la gran memoria de nuestro pueblo nortino.

Por esas bellas casualidades de la vida, hace un tiempo tuve la suerte de ir caminando por las calles de Antofagasta –ciudad en la cual reside el autor– y encontré un solitario puesto donde se vendían libros de autores locales. Entre esos libros encontré Poemas y pomadas (1988), la primera obra impresa del gran Hernán. Para mí, como ratón de biblioteca, encontrarme frente a ese libro fue una verdadera bendición. Con su primera obra en mis manos, recordé la vez que lo escuché contar la razón por la cual se volvió escritor: de pura hambre. Sí, es que en sus años de viajero errante con mochila no tenía mucho que echarle al estómago. Por suerte, en una noche de hambre llegó la luz a su vida: una emisora estaba sorteando una cena para el auditor que escribiera el mejor poema. Ni bien Hernán escuchó el aviso en la radio se puso a escribir un poema con el que finalmente ganó la cena, sació su hambre y se volvió escritor. Por anécdotas como esas no resulta sorpresivo encontrarse en este libro con versos tan frescos y creativos como:

Si quieren borrar la palabra hambre
háganlo con migas de pan

Así Hernán quiso borrar la palabra hambre de su vida, escribiendo sobre ella versos que lo libraron de la falta de pan de por vida. Gracias a esa hambre hoy se declara un hombre feliz que ama lo que hace y se encuentra a salvo de la silicosis. Habiendo leído los versos de Poemas y pomadas no me cabe duda de que aquel poema escrito de pura hambre fue el mejor que se haya enviado a la emisora, puesto que a través de las páginas de esta obra uno se encuentra con todos los ingredientes que necesita para degustar un exquisito libro de poesía: nostalgia, amor, recuerdos, honestidad, bellas imágenes y sobre todo humor e ironía:

Epitafio a mi padre muerto el 73

 No levantéis de ese modo las cejas:
El viejo se murió de silicosis.

Hernán Rivera Letelier ha puesto a la postergada pampa nortina en la retina del mundo, le ha dado identidad al pueblo y vida a sus historias. La gente de la pampa le debe mucho a este hombre, a su duende y a su talento. A ese bendito día de hambre que lo impulsó a seguir su instinto y escribir el mejor poema de su vida, pese a nunca antes haber tenido en sus manos un libro de versos. Poemas y pomadas es una obra fresca, auténtica y sobre todo una obra que muestra a Hernán como lo que es: un escritor que escribe como por llamado divino, por necesidad nacida en las entrañas, por absoluto amor y respeto a las letras. Este bello texto ha de quedar por siempre como un tesoro de la historia literaria del país. ¡Larga vida a Hernán, a sus poemas y sus pomadas!

Por Cristal

llavedecristal.wordpress.com

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