Emociones al descubierto

No sé si a ustedes les pasa, pero a mí los típicos vídeos virales de competencias artísticas donde los participantes hacen llorar a los jurados por su interpretación, voz, talento, lo que sea, no me mueven ni un pelo. Susan Boyle y toda esas “joyitas artísticas” descubiertas en los shows televisivos, me tienen sin cuidado. Tampoco me conmueve la voz de don Francisco exigiéndole a los papitos en tono “amable y fuerte” que vayan a depositar.

Mucho menos me mueven los típicos niños con alguna deficiencia que ponen a llorar al aire para que la gente enloquezca de culpa y entregue lo poco que le sobra. Ese show más bien me parece un asalto a boca armada de las palabras justas para, a través del miedo y la culpa, obligar a la gente a hacer todo lo que el cabezón animador diga. Al final la gente que deposita me parece que lo hace solo por miedo vivir esas historia en carne propia, un miedo al castigo divino, puesto que lo que más escucho es “hay que ayudar porque nadie está libre”. Ayudan para expiar sus culpas.

Lo siento, pero debo tener el corazón más duro del planeta ya que su parafernalia no me moviliza. No me conmueve el llanto de los malogrados niños, las desgraciadas madres, los esfuerzos ni los finales felices. No obstante, sí me conmueve la gente que cree, que lucha, que sueña, que mueve las fronteras de su imaginación. Me emociona la gente que aún tiene una utopía. No me importa la gente que sueña en grande, pero me apasiona la gente que sueña en plural. Aquellos cuyo sueño alcanza para muchas vidas, que involucra al resto. La gente que utiliza la palabra comunidad en vez de individualidad, me vuela la cabeza. Aquellos estudiantes que ingresan a la sala de clase por vocación y sabiendo que lo que aprenderán en ese lugar podrán compartirlo con quienes los rodean, esos sí que me conmueven y hasta me sacan una lagrimita.

Aquel que aspira a la felicidad y no a la posesión de bienes materiales, ese es el ser humano que me motiva a seguir creyendo en la humanidad. Ese es el tipo de ser humano que quisiera poblase todos los confines de la tierra para construir el futuro. No importa si ese ser humano tiene una voz excepcional y hace llorar a la modelo de turno en el programa de talentos; no importa si ese ser humano tiene una voz convencedora y charlatana y nos remueve las conciencias para depositar nuestro dinero; no importa si a ese ser humano le faltan o le sobran extremidades, lo que realmente importa es que ese ser humano lleve más amor a la vida que al dinero en su corazón.

 

Por Cristal
llavedecristal.wordpress.com

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