Tomás Moro – Utopía

¿Hasta cuándo podremos vivir en paz, como tanto lo hemos soñado? ¿Cuándo es que construiremos una sociedad positiva, y llena de esperanza? ¿Acaso esta es la sentencia que el destino nos ha puesto, de destruirnos los unos a los otros?
Parece que en lugar de mejorar, a pesar de los grandes esfuerzos que han hecho muchas personas (unas conocidas, otras aun en el anonimato), no son los suficientes para que esta sociedad se deje de destruir. Incluso vivimos bajo una paradoja, nos decimos creyentes de un dios, pero en nuestros actos demostramos todo lo contrario. Bien lo describió Hubert Reeves al decir que: “el hombre es la especie más insensata, venera a un dios invisible y masacra una Naturaleza visible, sin saber que esta Naturaleza que él masacra es este dios invisible que tanto venera”

Nosotros somos parte de esta Naturaleza, y lamentablemente nos estamos destruyendo; el odio que reflejamos es solo el odio que nosotros mismos tenemos, odiamos tanto la vida, que vivir lo tomamos como un castigo.

Y esto no es nuevo, como claro ejemplo lo que pasa en mi país México, afortunadamente lo de los 43 estudiantes se dio a la luz pública (desafortunadamente, lamentablemente, tristemente, dolorosamente, no han aparecido), pero diario mueren, diario son secuestrados, diario callan bocas por protestar. ¿Cuántas fosas han encontrado a raíz de la desaparición de estos jóvenes? ¿Cuántas más hay que aún no se descubren?

Muchos han salido a las calles a protestar, y muchos aún tienen el descaro de quejarse de aquellos que al menos buscan algo diferente, aunque no sepan aun en donde hallarlo. Cuando el verdadero enemigo es el sistema, y nosotros solo somos parte de su juego.
Que valga la pena estos 43 sacrificios, para luchar por lo que tanto anhelamos “la libertad de una sociedad en paz”.

Mientras tanto, y en lo que nos decidimos a luchar, seguimos en nuestra Utopía

¡Salud!

Tragos Literarios presenta a:
Tomas Moro en Utopía

  • Los demás hombres no se desprenden de sus bienes de fortuna hasta que se sienten viejos y enfermos, y aun entonces, pese a que no pueden usarlos, no renuncian a ellos de muy buen grado.

  • Hacen sufrir a los ladrones un castigo tremendo, y lo que deberían hacerse es dar a los hombres medios de ganar el pan de cada día, para que nadie se vea forzado por necesidad, primero a robar y a ser ahorcado después.

  • El simple robo no es un delito tan grande que deba ser castigado con la muerte, y ninguna pena será lo suficientemente dura para impedir que roben los que no tienen otro medio de ganarse el sustento.

  • La justicia de Dios sólo reinará en donde le permitiera la justicia humana, y, a fin de cuentas, serían los hombres quienes determinarían en cada circunstancia hasta qué punto sería conveniente guardar los mandamientos divinos.

  • Si no podéis arrancar completamente de los corazones de los hombres las malignas opiniones; si no podéis, como quisieras, enmendar los vicios que el uso y la costumbre han confirmado, no por esta causa se debe abandonar la república o renunciar a ella.

  • No se debe abandonar el barco en la tempestad porque no se pueden domeñar los vientos.

  • No se puede persuadir con tan desusado discurso a personas que opinan de modo tan diferente. Es preciso que obréis de manera tal que si no podéis hacer todo el bien que deseáis, logren vuestros esfuerzos por lo menos quitar la fuerza del mal.

  • Si todas las personas que viven en el ocio, cada una de las cuales consume tantas cosas como dos trabajadores juntos, fuesen obligados a trabajar, se tendría que trabajar muy pocas horas para hacer todas las cosas necesarias para vivir holgadamente y sin privarse de los placeres verdaderos y naturales.

  • Ciertamente, el temor a las privaciones es lo que hace codiciosos y rapaces a todos los seres vivientes; el hombre hace lo mismo por soberbia, porque le agrada vanagloriarse de superar a los demás en riquezas superfluas.

  • La naturaleza, al mandarnos que seamos buenos con nuestros semejantes, nos manda también que no seamos malos y crueles con nosotros mismos.

  • Buscar la propia felicidad sin transgredir la ley es prudencia.

  • Mas estorbar el bienestar ajeno para procurarse el propio es una acción manifestantemente injusta.

  • No es la naturaleza de la cosa, sino las perversas costumbres de los hombres lo que hace que éstos les parezca dulce lo amargo.

  • La ambición pervierte a los hombres y hasta los transforma en criminales.

  • Imaginan e inventan toda suerte de artificios para conservar, sin miedo a perderlas, todas las cosas de que se han apropiado con malas artes, y también para abusar de los pobres pagándoles por su trabajo tan poco dinero como pueden.

Por Abinadí Hita

pensamientoslibresh2.wordpress.com

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