Todavía creo en la navidad

Todo se remonta a la época de mi niñez, lo cual no es raro si es en aquella época dorada cuando el ser humano atesora con especial sencillez toda lo bello que le presenta el mundo, más allá de que sea comprobable científicamente o no. Pues bien, al llegar la Navidad cada año, junto a mis hermanos y mis padres nos poníamos nuestras mejores tenidas y nos envolvíamos de magia y felicidad dispuestos a vivir una noche y un día donde no se permitía mirar al prójimo sin una amplia sonrisa adornando el rostro. Cada Noche Buena, antes de abrir los presentes, mamá nos recordaba qué estábamos celebrando: el cumpleaños de Jesucristo. Generalmente nos recordaba la historia de su nacimiento en un pesebre y algunas de sus obras más importantes.

Ese momento de reflexión sobre “el verdadero motivo de la Navidad” caló hondo en mí, que sin haber profesado ninguna religión ni haber puesto un pie en una iglesia, jamás he dejado de declararme cristiana, celebrando la navidad como el nacimiento de quien vino al mundo con humildad para traer un mensaje de esperanza, claridad espiritual y consuelo.

Sí, aún creo en la Navidad por la ilusión de creer que hay alguien más allá de todo, que no estamos solos, que existe algo más. Algo que no me han probado científicamente, pero que llena mi alma como más nada lo hace en el mundo; algo cuya magia me envuelve y me hace sentir inmensamente feliz, es decir, me hace renunciar a mi humanidad y me impulsa a volverme algo más divina. Eso mismo ha sido Jesús en mi desarrollo. Ese ser que no he visto, pero que he sentido y ha sido necesario, no desde la religiosidad, sino desde la espiritualidad. Alguien que para muchos, al igual que el Viejito Pascuero (así llamamos a Santa Claus en Chile), es una simple ilusión, pero para mí es una luz inmensa en el camino que hago al andar.

A través de los años, he cimentado mi moralidad desde el mensaje de es ese Jesús dedicado a los pobres, a los desposeídos, a los que necesitan una luz de esperanza, a los que no nos convence el materialismo sin la espiritualidad, a los que creemos que hay algo más. Quizás lo que me ha aportado mucho en mi felicidad por la Navidad y mi simpatía por Jesús, es el hecho de mantenerme fuera de las iglesias creadas por humanos, el haber hecho de mi corazón una iglesia y de mi fe la ofrenda. El Jesús que me gusta, no es ese que ha pregonado la Iglesia Católica, por ejemplo, con su inquisición, con sus violaciones, con sus abusos, con sus invasiones, con su silencio ante las dictaduras, con sus imposiciones. No, el Jesús de mi Navidad sería más bien feminista, libertario, se pararía siempre junto a los desposeídos, a los postergados y seguiría con su discurso de igualdad, de amor y de paz. Con esa promesa del “reino de los cielos” que no es sino una promesa de un mundo mejor, de un mundo de justicia.

Además, si vieran la sonrisa y el afán de mi madre por Navidad. Ay, si la vieran. Quién no disfrutaría verdaderamente de la Navidad así.

 

Por Cristal
llavedecristal.wordpress.com

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