El último clamor por la paz

Durante las primeras horas de dictadura en Chile se acabó con todos los íconos del pueblo y de los trabajadores utilizando las más horrendas atrocidades que se pueda imaginar. Uno de los íconos era el cantor popular Víctor Jara. La voz de las voces de los chilenos de a pie, de esfuerzos, esos que movían las industrias y soñaban en grande. Si bien el 12 de septiembre de 1973 Víctor Jara fue apresado para luego de recibir horrendas torturas morir acribillado por 44 balazos, su canto no fue acallado, mas se hizo eterno. Tanta era su fuerza, su maestría y su amor por la humanidad que aún en su lecho de muerte, con las manos destrozadas y el alma rota fue capaz de escribir un poema que no llegó a ser canción de su voz y su guitarra, pero que se convirtió en himno del pueblo chileno y del mundo.

La historia de este clásico AM es muy linda, más allá de toda la tragedia que terminó con la existencia del artista, hay un lado maravilloso que está representado por su último poema de puño y letra que sí vio la luz, que si alcanzó la libertad. Cuenta la historia que el último poema de Víctor “Canto que mal me sales”, se volvió realidad pocas horas antes de que el canto fuera asesinado, en la prisión del Estadio Chile. Boris Navia, quien compartió con Víctor Jara sus últimos momentos, le prestó al artista las hojas para que éste se desahogara. Cuando el cantor se dio cuenta de que le llegaba su hora, le entregó dos hojas con el poema a Boris Navia quien lo guardó celosamente hasta que los militares se llevaron a Víctor. Luego de esto, Boris fue trasladado al Estadio Nacional, fue ahí donde compartió el poema con otros prisioneros, quienes los copiaron en cajetillas de cigarro y, por supuesto, Boris escondió el original en la suela de su zapato. Sin embargo, los militares descubrieron una de las cajetillas y  trasladaron a Boris a la sala de torturas para interrogarlo sobre ese escrito. Según cuenta el mismo Boris, decidió soportar la tortura pues creía que de esta forma habría más posibilidades de que el poema saliera libre. Y así fue, no dijo ni una sola palabra y el poema conoció la libertad de mano de uno de los detenidos que fue liberado en esos días.

Sin ánimo de poner paños fríos a tan horrible asesinato, al menos es un bello gesto de justicia y esperanza –por mínimo que este pueda parecer– el hecho de que el poema de Víctor no haya desaparecido como los militares hubiesen querido. Que ese poema se haya vuelto único y eterno en las voces de miles de otros seres humanos que tienen la misma sensibilidad que tuvo Víctor ante el dolor ajeno, que también era propio, es sin duda un triunfo entre tanta miseria.

Si bien el canto no fue posible en la voz de Víctor, si fue posible en otra grande: Isabel Parra. A continuación el link del vídeo para escuchar la tonada y el texto para leerlo como si Víctor mismo lo estuviese recitando con su voz que jamás se apagará, un canto que jamás se callará, un alma que jamás se cansara de cantarle a la paz.

Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos siembran
y hacen andar las fábricas.

¡Cuánta humanidad
con hambre, frio, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores
uno saltó al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.

¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera
Sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo
¿Es este el mundo que creaste, dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?

En estas cuatro murallas solo existe un número
que no progresa,
que lentamente querrá más muerte.
Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido,
pero con el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
llena de dulzura.

¿Y México, Cuba y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos menos
que no producen.

¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas
Así golpeará nuestro puño nuevamente

¡Canto que mal me sales
Cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.

Lo que veo nunca vi,
lo que he sentido y que siento
hará brotar el momento…

Por Cristal

llavedecristal.wordpress.com

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