¿Soñar o temer?

En los últimos años pareciera haber una creciente tendencia en el mundo a elegir políticos de derecha como la vía salvadora para las crisis financieras y de otras índoles. Sin ir más lejos, aquí mismo en Chile, el año 2010, fue elegido el millonario Sebastián Piñera como presidente de Chile; el primer presidente de derecha elegido en 50 años. Como era de esperarse, su mandato fue un hermoso romance entre el empresariado y el poder ejecutivo y, al final, no hizo nada digno por lo cual ser recordado, salvo, por supuesto, irse con la billetera más abultada de lo que la tenía cuando asumió como presidente.

En algunas partes de Europa la situación no varía mucho, con la excepción de España y Grecia –quienes  lentamente parecieran girar a la izquierda– el resto del continente sigue bajo el control de parlamentos conservadores de derecha que poco y nada le interesa salvar al pueblo, sino que más bien, corren con ansias a salvar a la banca y el empresariado al más mínimo signo de pérdida de dinero por parte de estos.

La existencia de este fenómeno de “derechización” a nivel mundial es algo que me intriga profundamente, más aún cuando con espanto escucho a muchos “agoreros de las encuestas” que dicen que para las próxima elecciones presidenciales de Chile el año 2017, Sebastián Piñera -la encarnación de la derecha empresarial devenida en personaje político- se asomaría como el gran “salvador” de la crisis de corrupción en el que está sumido el actual gobierno “socialista” de Michelle Bachelet.

Es ante este escenario que reflexiono y pregunto: ¿En qué minuto perdimos el rumbo? ¿Cómo explicarse que a nivel mundial los pobres sean más y que, sin embargo, sigan eligiendo a tiranos y fascistas para que los gobiernen? ¿Cómo entender que un pueblo asolado por las deudas y la banca vote por banqueros, por hijos de banqueros, por amigos de banqueros, por socios de banqueros?

Pienso que la respuesta la podríamos encontrar en el tipo de discurso que abraza la derecha internacional. Un discurso que apela a lo más primitivo del ser humano: el miedo.

La derecha a nivel mundial es la encarnación del miedo. La encarnación del miedo al cambio, del miedo al otro, del miedo al futuro, del miedo a la paz, del miedo a la justicia. Y como su discurso nace desde el miedo, es a través de ese miedo que pretende contagiar a una población ignorante –y no por decisión propia, sino que más bien por culpa de quienes diseñaron y controlan el sistema– a que tenga miedo y los elijan a ellos como quienes les quitaran sus temores y pesadillas.

Por ejemplo, la derecha inculca el miedo a la delincuencia.  Dice que la delincuencia está extendida por todas partes y que solo la “mano dura” de ellos mismos puede detenerla. Aunque claro, esa mano dura solo aplica a los delincuentes comunes, y no contra los torturadores de dictaduras pasadas, empresarios corruptos, y políticos ladrones de la actualidad. Demás está decir que la existencia de la delincuencia es una consecuencia directa de la falta de oportunidades y de educación de calidad y gratuita para toda la población. La derecha, en su discurso, no pretende educar, sino que reprimir y encarcelar.

La derecha inculca el miedo a perder el trabajo. Dice que, cualquier cambio a la constitución, establecer una asamblea constituyente o la instauración de plebiscitos, generaría “incertidumbre” en el empresariado y que, en consecuencia, se irían a “invertir” (robar) a otra parte, lo cual generaría desempleo y pobreza –como si la gran mayoría fuese millonaria–- Lo que no dice sí es que, la generación de empleos o no, depende de ellos mismos. Ellos son los dueños de la llave que abre y cierra cuando quiere. La derecha y la gran empresa son lo mismo. Por ende, el desempleo no es un asunto sujeto a variables sociales, sino que solo está sujeto a la buena o mala voluntad del gran empresariado.

De esta manera, y fomentando el miedo, es que la derecha logra adeptos a nivel mundial. Pues es un discurso simplista y que no invita a construir, sino que temer. No invita a soñar, sino que a odiar. No invita a participar, sino que a dejarlos a ellos hacerse cargo de los problemas. La derecha es el camino fácil. Un atajo. Es por eso que la gente prefiere elegir a este tipo de gobiernos, pues significa otorgarles todos los derechos a otros para que decidan por ellos. Son la alternativa fácil, simple y floja.

Sin embargo, el discurso de la izquierda real (no el de las socialdemocracias europeas o los gobiernos pseudo-socialistas como el chileno) es un discurso que apela a la construcción, al trabajo, al poder popular, a la creatividad. Un discurso que invita a soñar, a imaginar, a luchar. En definitiva, es un llamado a la acción. Ahora bien, la razón del escaso éxito del discurso de izquierda a la hora de competir en las urnas se debe primero: a la falta de medios económicos, y segundo, al descredito recibido.

Desde la caída de la Unión Soviética, el capitalismo arrogante y sus secuaces han extendido la idea de que la izquierda y sus planteamientos han fracasado a nivel mundial. Para lograr este objetivo se ha valido de medios de comunicación afines a sus ideales. Medios financiados, auspiciados y controlados por ellos mismos: la derecha. Y bueno, como la izquierda ES EL PUEBLO, y el pueblo no tiene recursos económicos, tiempo, ni los medios de comunicación para combatir estas ideas de derecha, simplemente termina sucumbiendo ante el peso de esta maquinaria propagandística que es la derecha del siglo XXI.

La izquierda real no tiene dinero, ni recibe financiamiento del gran empresariado para luchar contra las campañas publicitarias de los políticos de derecha. La izquierda real escasamente tiene representatividad en las elecciones a nivel mundial. Y ante este escenario, con la incapacidad de extender sus ideas, sin que estas sean ridiculizadas por medios de comunicación afines a la derecha, la gente termina eligiendo a señores que le prometen seguridad, mientras que le mete la mano al bolsillo subiéndole los impuestos para financiar sus lujosos estilos de vida. Así va girando el mundo hacia la derecha y el fascismo. Y las ideas de izquierda van quedando relegadas al olvido para el común de los mortales.

Sin embargo, el discurso de izquierda es inmortal, pues vive en los barrios pobres, sabe lo que es el hambre, sabe lo que es no tener dinero para comer, sabe lo que es dormir con frío, sabe lo que es morir por no tener dinero para comprar salud. Y por ende, pese al descredito al que se le somete, no puede ser derrotado, pues los pobres aumentan, y sus dramas también. La derecha, al final, no es ni jamás será la solución; es el problema.

Si a la gente se le pidiera elegir entre temer o soñar ¿qué respondería?

Yo prefiero soñar. Elijo no creerle a las cadenas televisivas controladas por la derecha. No creerle a encuestas financiadas por la derecha. No creerle al discurso del miedo al cambio de la derecha. Elijo construir desde abajo y hacia la izquierda. La izquierda se nutre de los anhelos populares; anhelos inherentes al hombre como la justicia, el respeto, la hermandad. Todos anhelos que han sido arrebatados por el discurso del miedo. Pero que sin embargo, siempre le han pertenecido y le pertenecerán al pueblo.

Yo elijo soñar.

Por Pablo Mirlo: pablomirlo.wordpress.com

MG_4438-980x360

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s