Alicia en el país de las pesadillas

CHILE es un país pequeño, lejano, joven y atacado por muchas dolencias. Seguro lo que más se conoce de Chile en el extranjero es su sanguinario dictador, su economía pujante y su gusto por los “desastres naturales”. Todo eso relacionado con lo que suelen llamar “el fatalismo del pueblo chileno” que siempre está preparado para lo peor. Lo que a mí más me llama la atención de este fatalismo es cómo, pese a todo, el pueblo sigue adelante sin ayuda por parte del Estado, sin recursos. De eso va la historia que les contaré en esta columna, la historia de Alicia en el país de las pesadillas.

Corría el año 1987, Chile estaba bajo el mando del dictador Augusto Pinochet, la gente comenzaba a asimilar su nueva forma de vida sirviendo al sistema de libre mercado mientras el miedo acechaba las calles de las poblaciones. En una humilde comuna de Santiago llamada Renca había aires de esperanza entre tanto terror. En la población Huamachuco de dicha comuna, una profesora, Alicia Vega, decidió comenzar un taller de cine para niños pobres (o vulnerables como les gusta decir a los que adornan la realidad), para darle un respiro a los niños, para decirles con actos que el poder de la imaginación era inconmensurable y que sus vida valían mucho más de lo que sospechaban.

Esta bella hazaña, la de entrar a una población con buenas intenciones en plena dictadura, fue grabada por el documentalista chileno Ignacio Agüero y transformada en una cinta titulada Cien niños esperando un tren. En esta obra se muestra una capilla repleta de niños que estudian cine, pero que jamás han ido a uno o peor aún, ni siquiera han visto una película en su vida. ¿Cómo cautivar a niños sobre un tema del que no tienen referencia alguna? Bueno, la necesidad tiene cara de hereje dicen por ahí, así que como la invitación al taller cada sábado incluía una merienda, pocos pudieron resistirse. El hambre se transformó en curiosidad por un mundo nuevo proyectado para fundar esperanza.

Cada vez que pierdo la esperanza, la inspiración, las ganas de abrazar al mundo regreso a Cien niños esperando un tren porque la sencillez de las palabras de todos los seres humanos que aparecen en ese film es avasalladora. Cuesta imaginar que entre tanto horror un ser humano como Alicia Vega iba a tomar la iniciativa y luchar por las vidas y los futuros de tantos niños. Cuesta imaginar que entre la fatalidad del pueblo chileno Alicia intente con su arte borrar el país de las pesadillas y comience a pintar para los niños un país distinto donde todos podemos encontrar nuestro valor, donde no importan las desgracias porque el mundo aún tiene algo bueno que contarnos.

Es por eso que les comparte esta película que no deja indiferente a nadie, está demasiado bien hecha, razón por la cual hasta el corazón más frío halla lugar en sus imágenes. Además, el legado de tan bella persona no puede quedar en el olvido. Alicia es una ciudadana modelo, es el tipo de personas que demuestran que nada está perdido, que si todos cumpliésemos un rol significativo en la ciudad, obtendríamos un mundo mejor. Véanla. No se arrepentirán.

Por Cristal

llavedecristal.wordpress.com

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