Dígame licenciado

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Terminé mi carrera. Recorrer el camino final fue como estar montado en una montaña rusa de emociones. Todos me presionaban, todos de mí esperaban algo. Yo no esperaba tanto, pero me creía la muerte y aceptaba todo tipo de regaloneos.

Y así, entre presión y cariño me llegó la hora de la defensa de tesis. Terminé mi carrera. Con distinción y mención de honor. Nunca nadie había tenido una nota tan mediocre. He batido records y al fin soy alguien: el peor. Pero eso no importa, con nota mínima en la historia de la carrera, no hay quien se me iguale. Disculpen que lo comparta de esta forma, con lujos y detalles. No es que quiera presumir, no escribo desde la soberbia, es sólo un afán sincero de compartir esta distinción. Es que los nadie no estamos acostumbrados a la distinción. Fui a una escuela pública con nombre de metralleta donde las salas se caían a pedazos, tengo la piel y el cabello oscuros, no pude ir a las universidades de renombre. Todo lo malo me pasa a mí, dirán algunos. Pero no es así, ahora puedo trabajar bajo el mando de alguien que siempre ha gozado de lo que yo he soñado, pero al menos tengo un título para enrostrarlo a quienes no lo tienen. Porque así funciona acá, yo no me educo para contribuir a la sociedad, eso es para hippies izquierdistas. Yo me educo para tener un cartón y subir fotos a Facebook con él.

Por supuesto, al culminar el proceso lloré mucho porque los caminos con mis compañeros y profesores se separan, pero es mejor así porque ahora son mi competencia y yo quiero llegar más lejos que todos, quiero ser exitoso. Por eso quiero gritarle al mundo entero que ha cambiado mi status, ahora pierdo mi nombre y todos comienzan a llamarme por mi título, obvio, es que ahora soy Licenciado en Administración de Empresas. Claro no tengo empresa, pero quiero una y con tal de conseguirla hago lo que sea. Si de eso se trata el mundo. Desde chico me decían “como te ven te tratan” y es así, pero ahora que he cambiado, visto como hipster pueblerino (iré mejorando), tengo un cartón que enseñar (de una universidad mediocre, pero eso es lo de menos), y he mejorado profundamente mi hablamiento, ya no me le nota la pobreza ni en las uñas ni en la lengua.

El otro día, hablando de esto con una amiga (de esas hippies comunistas y mediocres), me dijo que ya no se me nota la pobreza monetaria, pero que la pobreza espiritual e intelectual no la tapaba ni con el muro de Trump. No sé dónde queda Trump, quizás ese era el barrio donde quedaba el muro de Berlín. Bueno, ese no es el punto. El asunto es que así funcionan los envidiosos, los que se conforman con su pobre escuela de teatro o aquellos que ganan dinero con malabares en las esquinas. Lo que es yo, me siento orgulloso y espero sus felicitaciones. El mundo se cae a pedazos, pero eso a mí no me importa porque tengo mi cartón y estoy decidido a abandonar la pobreza con inteligencia (y quizás algo de engaños). Nadie me detendrá, botaré a todo el que se interponga en mi camino y haré todo cuánto el jefe me pida. Tengo que ganar dinero. Pero no se asusten, no estoy loco. Así funciona mi sociedad, así me criaron: neoliberal y egoísta.

Por Cristal

llavedecristal.wordpress.com

 

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5 comentarios

  1. Ja, ja, ja. ¿Es?: poesía, ficción, realidad, comedia, cuento corto, ja, ja. Me brotaron lágrimas que se convirtieron en carcajadas. Ja, ja. Bueno, me toca comentar: Como poesía: una realidad escrita con trazos de barro; como ficción: nubarrones cargadas de grises y sin una gota de agua; como comedia: perdón; como cuento corto: demasiado corto; como realidad: 10. Abrazos.

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