Imaginaciones

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Tengo una estantería vieja, de madera fina que en su tiempo debe de haber costado una fortuna y por eso mismo me siento feliz de haberla heredado. La miro desde lejos cuando nadie me habla, cuando nadie quiere entrar en mis conversaciones, en esos momentos soy sólo yo y mi estantería. Ella reposa sobre una pared blanca, de enormes dimensiones y sobre sus compartimentos reposan todos los libros que he escrito, que he leído; todas las fotografías que he tomado, que me han tomado… todo reposa en esa vieja estantería.

No sé muy bien desde cuándo me pertenece esa vieja estantería, pero presumo que desde que comencé a hacer uso consciente de mi razón, comencé también a llenar esa estantería de mis vivencias, mis recuerdos… o quizás tan sólo de mis imaginaciones. Lo importante de esa estantería es que ahí me puedo pasar tardes completas, fines de semana completos, repasando, imaginando inventando; ingresando a capítulos de infancia que me encantan o haciendo vista gorda de los momentos dolorosos. En esa estantería puedo regresar y abrazar a mi madre por última vez antes de mi primera partida, puedo volver a ver a mi padre convertir un gol mientras mamá aplaude orgullosa, puedo ver a mis hermanos y volver a sentirlos una parte de mí, cuando aún no sospechaba que creceríamos y nos convertiríamos en seres tan diferentes de los que fuimos en la niñez.

En esa estantería puedo volver a repasar cuántas personas ha sido una sola persona. Cuántas personas he sido yo: me gusta la persona que era a los diez años, también me gusta la de los 14 y la de los 17… Me gusta la persona que eran mis hermanos en la niñez. Me gustan más las personas que son mis padres hoy.  ¿Cuántas personas puede uno llegar a ser en la vida? Desde niña oía a los adultos decir que los seres humanos no deben cambiar, que deben comportarse en todo momento, situación y lugar de la misma manera y a mí esa condena me parecía imposible de aceptar. No concibo que a alguien se le amarre a una sola forma de ser, el no poder cambiar de opinión, vestimenta, idioma, lo que fuese, me parecía asfixiante… Si fuera más fácil cambiar de nombre cada persona que he sido en la vida tendría uno diferente que cargase más significado al momento vivido.

En esa estantería me paso las horas indagando, sufriendo por saber cuánto de lo que contiene esa estantería ha sido inventado y cuánto es un recuerdo fiel. Eso nunca lo sabré, pero no me inquieta tanto pues nadie puede ser tan drástico y poderoso como para dividir la realidad de la ficción con tal certeza. Todo lo que guardo en esa estantería que me pertenece, viaja conmigo a donde vaya y lo atesoro como nada más en el mundo. En esa estantería guardo mi historia, mis recuerdos, mis imaginaciones, en fin, las cosas que no existen, que quizás nunca han existido, el yo que recuerda y vive de eso.

Por Cristal

llavedecristal.wordpress.com

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