La Diosa Madre

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Desde la más remota antigüedad el ser humano ha creído en seres divinos que crearon el mundo, los animales, las plantas las aguas y todo lo que nos rodea y nos permite vivir. Solemos tener una imagen de Dios como un hombre en el cielo, un Padre con rasgos y características masculinas, pero esto no siempre fue así. Antes de las religiones organizadas por el orden patriarcal, muchas tribus y culturas de nuestro planeta adoraban a una Diosa Madre creadora de todo lo conocido, dadora de vida y felicidad. Lo femenino era visto como superior con toda sus características, especialmente la de crear, albergar y parir vida. Todos hemos nacido de una mujer quien nos cobijo, nos dio cariño, calor y alimento. Pues entonces como no asociar a la divinidad creadora con este amor, fuerza y poder femenino.

LAS PRIMERAS IMÁGENES

Las primeras representaciones simbólicas femeninas del Paleolítico (hace 2,5 millones de años hasta hace 10 mil años aprox.) son de carácter religioso. Antes del orden patriarcal, la mayor parte de las deidades humanas eran representadas con características femeninas. En todo el mundo antiguo, desde Asia menor al Nilo y desde Grecia al valle del Indo abundan las estatuillas de figuras femeninas desnudas en diferentes posturas de la diosa sostenedora de todo.

La arqueología moderna viene descubriendo continuamente testimonios de la Diosa Madre entre la humanidad desde los primeros tiempos. Se han hallado diferentes figuras pequeñas y a menudo corpulentas en las excavaciones arqueológicas del Paleolítico Superior, siendo quizás la más famosa la Venus de Willendorf (22 mil A. C.) Las imágenes más antiguas a través de las cuales los seres humanos dieron forma a una idea de Diosa son llamadas Venus o Diosa Madre. Su presencia se extiende por toda Europa, Asia, África, Australia y América. Esto es realmente significativo y manifiesta una idea con gran arraigo entre las personas de todo el mundo hace más de 30 mil años, una idea que se fue diversificando y adaptando a las necesidades del momento pero mantenido sus signos distintivos comunes. Esa diosa madre original es engendradora de vida a partir de sí misma. La gran Diosa era reina del cielo y madre de los otros dioses que de ella salieron.

LA REVOLUCIÓN NEOLÍTICA

Hace unos 12 mil años ocurrió lo que los arqueólogos e historiadores llaman “revolución neolítica” o “revolución agrícola”. También se produjo un cambio social. Hasta entonces los hombres se habían ocupado de la caza y las mujeres de la recolección. La aparición de la agricultura que potencia la tradicional tarea de la mujer acarrea una nueva valoración del elemento femenino. La recolectora pasa a un primer plano. Se instituye el matriarcado.

Según la escritora (especialista en religión comparada) Karen Armstrong. La revolución neolítica había hecho que el género humano tomara conciencia de una energía creadora que invadía todo el cosmos. Al principio era una fuerza sagrada indiferenciada que convertía la tierra en una manifestación de lo divino. “Pero la imaginación mítica tiende a hacerse más concreta y circunstancial. Al igual quela adoración del cielo había conducido a la personificación del dios del cielo, la maternal y nutritiva tierra se convirtió en la Diosa Madre”.

DIOSA EN CADA PUEBLO

En Mesopotamia, la Diosa Madre no es redentora, sino causante de dolor y muerte. Su viaje es una iniciación, un rito de transformación que nos exige a todos. En Sumeria Innana desciende al mundo de los muertos para encontrarse con su hermana, un aspecto insospechado de su propio ser. En muchos mitos de este periodo, un encuentro con la Diosa Madre constituye la aventura definitiva del héroe, la iluminación suprema.

Muchas culturas antiguas adoraron a deidades femeninas. Por ejemplo: Kali en la India, Tiamat en la mitología sumeria, Ishtar, Inanna y Ninsuna en Caldea, Astoret en Canaán, Tanit para los cartagineses, Astarte para los fenicios en Siria, Isis o Hator en Egipto,  Afrodita en Grecia.

En América la divinidad femenina existía bajo nombres como “Pachamama” para los Incas, Ñuke Mapu para los Mapuche, Ixchel para los Mayas, Coatlicue para los Aztecas, Nuna para los esquimales, Maka Ina en los Siux y Kokyang Wuthi para los Hopis.

El culto a la Diosa, tanto en Roma como en Grecia, persistió con gran vigor hasta los primeros siglos de nuestra era, hasta el momento de la expansión del Cristianismo y de la adopción de los cultos egipcios por el mundo romano.

En el Cristianismo (Católico) el rol de la diosa lo ocupa la virgen María, la Madre del Mesías toma el lugar de las antiguas diosas como Venus e Isis. Así para los paganos no era tan difícil convertirse al cristianismo. La devoción a la Virgen Negra tiene su principio en la creencia de los pueblos originarios de venerar a la madre tierra. En la veneración de aquellas divinidades paganas de la fecundidad se adoraban las piedras negras caídas del cielo (meteoritos) como generadoras de vida. El color negro alude a terrores asociados a la noche a las entrañas de la tierra a la materia prima donde se gestan los ciclos vegetales y la vida en general. En la mitología griega, el arquetipo de la gran Madre estuvo representado por Gea o Gaia (la tierra) personificando a la Madre Tierra quien fue la primera creación cósmica tras el caos inicial.

MADRE NUESTRA QUE ESTAS EN LA TIERRA

Una sabia frase reza: “El amor de madre solo es comparable al amor divino”. Esto ya lo sabían los antiguos y asociaron a la vida, abrigo y alimento a una divinidad generalmente comparada con la Madre tierra que nos proporciona todo lo necesario para vivir.

Si, existió una era donde lo femenino era visto como algo poderoso y fundamental para la vida. Todo esto cambio radicalmente cuando se instituyeron las religiones patriarcales, donde el rol de la mujer y lo femenino fue asociado a lo débil, reducido a las labores caseras y un rol secundario en la sociedad, siempre supeditada al hombre. Las antiguas diosas fueron arrojadas a tierra para ser humilladas, olvidadas y reemplazadas por los poderosos dioses masculinos.  Esto  ha traído consecuencia que perduran hasta la actualidad. Afortunadamente estamos en proceso de cambio.

Hoy comenzamos a darnos cuenta que los pueblos más antiguos que adoraban a la Madre tierra eran dueños de una gran sabiduría.

Por Mariomir

 

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