Gracias queridas mujeres

No es mucho lo que quiero decir. Realmente mi discurso podría reducirse a las palabras que le dan título a este texto. Pero para que me entiendan y para enviar un mensaje efectivo, voy a contarles por qué me siento tan agradecido de las mujeres.

Mi nombre es Javier, tengo 26 años y soy homosexual. Quizás esa fue una de las primeras cosas de las que me di cuenta en la vida. Sin embargo, una de las más difíciles de hablar. Sabía quién era pero no sabía si quería serlo porque me daba vergüenza y sobre todo, me daba miedo tener que hablar de esto porque no quería sentirme rechazado. Cuando tenía 16 años y luego de cientos de rechazos por parte de la sociedad, decidí dejar de fingir que no era quien era. Acepté mi homosexualidad y comencé a vivirla sin prejuicios, decidí que yo menos que nadie discriminaría mi forma de ser.

Eso significó inmediatamente que me quedé sin amigos: algunos hombres me rechazaban y los otros, que quizás podrían haber seguido brindándome su amistad, recibieron la orden de sus padres de no volver a dirigirme la palabra. Probablemente tenían miedo de que mi homosexualidad fuera contagiosa, todos ellos me trataban como a un virus. Me sentí profundamente solo: mis abuelos ya no me recibían en su casa, mi padre se limitaba a hablarme cuando era estrictamente necesario y mi madre era la única que me acompañaba, me valora y me respeta.

Pero salgamos de ahí: la situación ha cambiado, mi familia ya me acepta y la gente que me negó su amistad ya no está en mi vida. Hoy no los culpó, no soy una víctima, ellos son víctimas de sus prejuicios y su poca calidad humana. Eso se aprende, yo también he aprendido a ser más empático, a no esperar más de quien no puede darme lo que quisiera.

¿Por qué les cuento esto? ¿Por qué esta columna se llama así? Bueno, durante mis años de definición, de crecimiento estuve absolutamente solo. De no haber sido por las mujeres de seguro mi historia ahora sería diferente. Por eso, hoy que estoy bien, quiero darle las gracias a mi madre, la primera mujer que me acunó cuando necesité apoyo, luego a todas mis amigas sin las cuales no habría tenido con quién hablar fuera de casa. Ellas, las mujeres, me acompañaron, me convirtieron en lo que soy. Agradezco profundamente a mis amigas, ya no sé cómo escribirlo porque quisiera decirlo mil veces: no habría podido vivir sin ustedes, mujeres de mi alma.

Hoy creo que cualquier homosexual tiene mucho que agradecerles a las mujeres. No sé si sea así, pero me gusta creerlo porque realmente son fundamentales: nadie tiene una capacidad de empatizar y de amar tan grande como ustedes. Por lo que me han dado y por lo que me darán (que espero algún día tener la calidad humana y espiritual para retribuirles), les digo:  Gracias, queridas mujeres.

Por Javier

 

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