Nuestra hora aún no ha llegado

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Nos encanta pensar que somos únicos y especiales en el universo. Nos creemos tan especiales que nos atribuimos el derecho de definir qué es, o no, vida en el universo. Para eso definimos entre vida inteligente; aquella que –según nosotros mismos– sería parecida a la nuestra, y aquella que no; aquella que más bien sería uno que otro microbio dando vueltas por ahí, por ende, “menos inteligente”.

Si no encontramos nada con forma humana, ni vestigios de civilización, vamos y decimos que lo mínimo que se necesita para que exista vida de ese tipo en el universo, es agua; pues toda la vida en la Tierra depende de ella, y mientras no hallemos algo de eso fuera de este planeta, no encontraremos nada “civilizado”. Y así, en nuestra búsqueda galáctica por vida inteligente, vamos descartando todo aquel lugar en el que nosotros no podríamos sobrevivir.

Sin embargo, quizá el error en la búsqueda de lugares habitables o vida “inteligente” en el universo, sea el hecho de pensar que para que estos sean tales, deban estar hechos a la medida de nuestras capacidades humanas. Lo cual es absurdo, pues si lo pensamos bien, somos seres, o más bien, una especie muy frágil. Salimos un poco de la Tierra, y nos morimos. Nos metemos bajo el agua, y no sobrevivimos mucho tiempo sin aire. Ahora bien, esto no quiere decir que deberíamos dejar de buscar, sino que más bien, tal vez deberíamos replantearnos la manera en la que pensamos o creemos que debería ser la vida en el universo.

Por ejemplo, qué tal si: ¿En otros lugares no necesitan de agua para vivir? ¿Y si los cuerpos de otros seres del espacio fuesen más bien electrónicos? ¿Fuesen etéreos? O ¿Seres de gas?

En la misma Tierra hay lugares en los que el ser humano no podría vivir, sin embargo, nadie dice que por esa razón, la vida en la Tierra no exista. Pienso en el fondo del mar, por ejemplo. Que nosotros no podamos llegar a esas profundidades, no significa que nadie vivía ahí. Independiente de cuál sea su forma orgánica, o electrónica, o vaya a saber uno de lo que sea que esté hecha: algo o alguien podría habitar ahí; en otra forma física o inmaterial, y no nosotros podríamos ¡no saberlo!

Otra reflexión. Miramos y buscamos planetas en busca de vida en su superficie, y no reflexionamos que tal vez, los planetas en sí, ya sean formas de vida, etc.

Y así, hay numerosas formas en que la vida se podría estar manifestando ante nuestros ojos y nosotros simplemente la ignoramos por no ser parecida a nuestra forma física.

Es por todo esto que planteo que la vida inteligente podría estar llenando el universo, en diferentes formas y sentidos. Y, quizá, la forma física y humana no sea la única, la mejor, ni la más inteligente –como nos gusta creer–, de todas las expresiones de vida, sino que más bien podría ser todo lo contrario: la más primitiva de todas. Por eso no encontramos nada similar allá afuera, porque somos los últimos en la cadena evolutiva del universo.

Quizá, no seamos más que larvas en un universo lleno de mariposas, y en nuestra búsqueda por encontrar larvas en el espacio, no nos hemos dado cuenta que todos ya evolucionaron a mariposas, y aún nos faltan alas y tiempo para alcanzarlos.

Nuestra hora tal vez, simplemente, aún no ha llegado.

De todas maneras, seguiremos informando…

Por Pablo Mirlo

pablomirlo.wordpress.com

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2 comentarios

  1. Mirlo: la inteligencia en la organización de una “humilde” hormiga es mayor que la inteligencia del mítico Albert Einsten pero, sin conciencia.

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